Las prisas suelen ser el gran problema del Camino de Santiago. Por eso, el que se denomina Camino Inglés, es una buena opción para recuperar el bienestar con nosotros mismos y disfrutar de una semana de senderismo y buena gastronomía. La tradición también es una buena excusa para viajar con nuestros hijos.

La motivación histórica siempre es importante. Llegar peregrinando hasta el Sepulcro del Apóstol en Compostela era una meta para todos los cristianos del medievo, no sólo los de la Europa Central sino también los de tierras tan remotas como Noruega, Dinamarca, las Islas Británicas e incluso Islandia.

Para todos estos peregrinos, y también para muchos franceses, resultaba más cómodo y económico emprender el llamado Camino Inglés que les llevaba por mar hasta los puertos gallegos entre El Ferrol y A Coruña y de aquí a Santiago.

Entre Ferrol y Santiago de Compostela, la ruta más seguida, tiene unos 120 kms. a los que habría que unir los 34 que separan A Coruña del Hospital de Bruma. Desde Ferrol se recorren los concellos del propio Ferrol y los de Narón, Neda, Fene, Cabanas, Pontedeume, Miño, Paderne, Betanzos, Abegondo, Mesía, Ordes, Oroso y Santiago.

Desde A Coruña el camino recorre casi toda la capital, con casco histórico incluido y luego pasa por Culleredo, Cambre, Carral, Abegondo y Mesía, donde se une al itinerario de Ferrol.

Dicen que con esa ruta se evitaban muchos días de camino y muchos peligros, como los lobos y los frecuentes asaltos, aunque nadie les libraba de las tempestades o de los ataques piratas, que también eran frecuentes por aquellos tiempos. Se debía pasar tanto miedo, que casi se obtenía el perdón sólo con la intención de embarcar.

Las noticias de estas llegadas en barco de peregrinos a Santiago a los puertos de la Ría de Betanzos y del Ferrol se remontan al siglo XI, y en las viejas crónicas se documenta como, el 15 de mayo de 1.189, sesenta naves danesas partieron desde Inglaterra hacia A Coruña.

En cuanto a la primera licencia para transportar peregrinos a Santiago desde Inglaterra, corresponde al año 1235.

En aquella época la gastronomía no era tan generosa, pero ahora sólo un buen lacón y las maravillosas tortillas de patatas justificarían el recorrido.

El llamado Camino Inglés de Santiago de nuestros tiempos va desde A Coruña o desde Ferrol hasta Mesía donde ambas rutas se juntan y prosiguen hacia Santiago. Es un recorrido magnífico para hacer en familia: más corto que el Camino Francés, permite participar del espíritu peregrino por unos días y ganar igualmente el Jacobeo, aprovechando además para contemplar los bellos paisajes de las costas gallegas.

Neda, cerca de El Ferrol u O Burgo, en la periferia de A Coruña, son lugares de referencia. Pronto podremos disfrutar del cruce del río Eume, pasando por algunas magníficas playas como la de Cabanas, o como las playas turísticas de Ares que animan a darse un chapuzón si el tiempo lo permite.

Pontedeume, a orillas del río Eume, es una villa marinera que se presta a ser recorrida tranquilamente, para descubrir sus calles con soportales, sus casas típicas de galerías y algunos de sus edificios civiles, como la Casa do Concello, presidida por un reloj. Pontedeume es también famosa por su puente, mandado construir por Fernán Pérez de Andrade, quien además edificó su castillo urbano, a orillas del mar, del que sólo queda la Torre del Homenaje.

Desde Pontedeume, si hay tiempo, merece la pena hacer alguna pequeña excursión por los alrededores, como la que nos lleva al Monasterio de San Xoán de Caaveiro, en las Fragas do Eume, zona declarada Parque Natural o la que se desvía hacia el interior para visitar el Castillo de Andrade (cerca de Taboada), que ofrece unas espectaculares vistas de la ría de Ares.

Unos kilómetros más adelante hay otra parada histórica: Betanzos, a orillas de los ríos Mendo y Mandeo, donde en la antigüedad hubo un castro. La ciudad conserva buena parte de su trazado medieval con restos de las puertas de la muralla, pero, sobre todo sus iglesias, San Francisco, Santa María, Santiago.

El otro Camino Inglés parte de A Coruña, un importante puerto industrial, comercial y turístico asentado sobre una península y dos zonas bien diferenciadas: una abierta al océano y otra abrigada de los temporales. Son famosas sus playas de Orzán y Riazor, las galerías de las casas de la Marina, la Plaza de María Pita con la Casa Consistorial y las iglesias de Santiago y Santa María.

Antiguamente, las murallas y baluartes rodeaban la zona antigua, aunque ya sólo quedan algunos restos y el Castillo de San Antón, reconvertido en Museo Arqueológico. En el extremo norte de la ciudad se levanta frente al océano la Torre de Hércules, antiguo faro romano, reformado en el S. XVIII, emblema de la ciudad.

Leído en Marca

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