Supermercado en Azofra :: Albergues del Camino de Santiago

Rosa López y una de sus clientas habituales de Azofra en la puerta de su tienda de alimentación. :: D.M.A.

El Camino de Santiago no transcurre por Ventosa pero el pueblo ha sabido hacerse valer para atraer a los peregrinos. La distancia con el siguiente municipio en la ruta (Nájera, a 11 kilómetros) y la cercanía con el trazado (apenas 500 metros) hacen que, como sucede en otras muchas localidades, se convierta en una cómoda parada.

Aitor Fernández regenta el bar de la Asociación Virgen Blanca de Ventosa, donde estampan el sello del Camino de Santiago en las credenciales de los peregrinos.

En el pueblo viven unas 170 personas y el goteo de peregrinos es constante: el que no se toma un café, come un bocadillo o se queda a cenar para alojarse en el albergue San Saturnino («uno de los mejores, súper limpio, y la hospitalera es muy buena persona», describe Asier).

El albergue de Ventosa es un gran polo de atracción para los peregrinos, que dan dinero pero también trabajo. «En verano contrato a más personal, pero madrugamos mucho para dar desayunos», reconoce Asier, a quien los peregrinos «lo que más piden es café y zumo de naranja», destaca mientras intenta adivinar que un alemán le pide un bocadillo de jamón york.

El Virgen Blanca abre todo el año y, mientras en invierno hay días en que sólo sirve ocho cafés a los vecinos del pueblo, de mayo a septiembre puede llegar a servir veinte en un momento. ¡Y en veinte idiomas!

Un poco más abajo Vanesa Bargondía y su marido abrieron hace tres años el bar y restaurante Buen Camino «un poco a la aventura, al quedarnos sin trabajo y al ver que había peregrinos». Sólo abre «en temporada, de marzo a noviembre» y se centra en dar servicio no sólo a los caminantes, también a los ciclistas y senderistas que se mueven por la zona, ofreciendo desayunos y almuerzos. Abren diariamente a las 6.30 y todo lo que sirven es casero.

«A veces es difícil entendernos porque vienen peregrinos de todas partes, pero con el inglés, y al cabo de trabajar un poco con ellos, al final te salen frases hechas. Son educados, respetuosos y agradecidos, así que se trabaja muy a gusto», explica Vanesa, que no esconde que es complejo calcular.

Comienzan a dar servicio al peregrino que pernocta en Ventosa, después hay media hora muy intensa con los que vienen de Navarrete y, después, llegan los de Logroño y paran a comer. Los últimos son los que se quedan a dormir.

En mayo la mayoría de los peregrinos son extranjeros. En verano reinan los nacionales. Sonia Moral abrió hace apenas un año la lavandería autoservicio Superwash en Nájera también por quedarse en paro aunque «con muchas ganas de trabajar». «Me informé de ayudas y sobre el sector y me animé, por tener un negocio propio», confiesa. A pesar de que es para todo tipo de clientes, Sonia pensó en los peregrinos porque «pueden llegar, hacer la colada entre varios y marchar».

El caso de Azofra es particular. Su calle Mayor, que vertebra el pueblo, ciertamente, no parece el de un municipio de 200 habitantes. Allí se encuentran bares, restaurantes, una farmacia, una tienda de alimentación y hasta un majestuoso hotel de tres estrellas.

Rosa López regenta un pequeño supermercado desde hace 25 años y admite que, «si no fuera por los peregrinos, ya habría cerrado porque aquí cada vez vive menos gente». De hecho, estima que «el 90% de la población tiene más de 80 años, pero cuando vine había niños y pasaba un peregrino muy de vez en cuando».

El chocolate y los frutos secos es lo que más se vende, también espaguetis, magdalenas… «Siempre abro pronto, a las 6.30, y si lo sigo haciendo es por ellos. Y puedo llegar a cerrar a las 22 horas», apunta Rosa.

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