Emaús es el nombre de un albergue burgalés para peregrinos del Camino de Santiago. Allí los peregrinos no sólo pernoctan: cenan y rezan juntos. Y es frecuente que compartan sus historias personales. Hace dos años un psiquiatra francés pidió bautizarse y en septiembre se casará en la iglesia del albergue, porque allí comenzó su vida cristiana.

Albergue de peregrinos parroquial de Emaús, Burgos :: Albergues del Camino de Santiago

Albergue de peregrinos parroquial de Emaús, Burgos

Don Carlos es párroco de la Iglesia de San José Obrero de Burgos. En los últimos años ha promovido dos iniciativas: una capilla de adoración perpetua y un albergue para peregrinos del Camino de Santiago llamado «Emaús».

Dice que le gustó la idea de san Josemaría de cómo el Amor a Dios lleva al amor al prójimo. Por eso ideó el albergue para peregrinos. Un lugar donde descansaran y que, los que quisieran, pudieran encontrarse con Dios. Un Dios que muchos andan buscando en el Camino.

Para don Carlos -que pertenece a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz-, el albergue tiene que ver mucho con este Año de la Misericordia. Aquí se practica -dice- una obra de misericordia corporal que es «dar al posada al peregrino», además de dar de comer al hambriento y de beber al sediento. Así llegan los caminantes que han partido de Roncesvalles: con hambre y sed, y los pies magullados. Con cansancio en el cuerpo y, en algunos casos, herida el alma o con ganas de desahogarse y compartir tanta dicha o el profundo dolor de un viaje al interior del hombre y del corazón humano.

Marie Noëlle, consagrada en un instituto secular, es la hospitalera. Ella acoge con especial cariño a los peregrinos «como si cada uno fuese el mismo Jesucristo», tal y como le pidió don Carlos. Les ayuda a instalarse en las cuidadas habitaciones. Con otros voluntarios preparan una cena que todos comparten juntos, lo que facilita un clima familiar.

Entonces surgen ya historias que los peregrinos llevan en las mochilas de sus vidas. Después de la cena hacen juntos un rato de oración. Algunos comparten en amigable tertulia los dolores o anhelos que les acompañan en el Camino. Luego, a solas, con ella, los voluntarios o el sacerdote surge la confidencia más personal. Es la hora de contar las penas y los gozos; de depositar en alguien que les comprende y se alegra o compadece las causas de su dolor, de su dicha o de sus esperanzas. Muchos de ellos se encontrarán con Dios, incluso acudiendo al sacramento de la penitencia, un sacramento que don Carlos presta con alegría.

Un matrimonio francés da las gracias por sus cuarenta años juntos, una chica joven y simpática cuenta que ingresará en el convento cuando termine el Camino… Algunos llevan dolores de soledad, de tristeza por la pérdida de seres queridos… Y otros -como una pareja de novios franceses y psiquiatras-, según relata don Carlos, están interesados en conocer -le dicen- «al Dios en el que yo creo». Ella es cristiana y él aún no está bautizado. Después de horas de conversación y pasada la noche él exclama: ¡quiero bautizarme! «Dos años después –cuenta el párroco- han vuelto a la parroquia y me pidieron que les explicara el sacramento del matrimonio y al final me dijeron que se querían casar, pero deseaban hacerlo aquí, en esta iglesia. Y concretaron la fecha: el próximo 24 de septiembre. Es su deseo porque aquí tuvo lugar su encuentro con Jesucristo y aquí quieren seguir construyendo su vida cristiana».

Los feligreses están contentos con los peregrinos. Les ilusiona escuchar todos los días en la Misa los países de que proceden, rezan por ellos y se emocionan cuando éstos al final de la liturgia, reciben la bendición especial del peregrino.

Desmond es un joven de Camerún. Un día llegó al albergue haciendo el Camino desde su lejana tierra. Tras recibir tan esmerados cuidados y atenciones, hoy se ha convertido en uno de los voluntarios y acoge con su franca sonrisa a peregrinos venidos de todo el mundo: Australia, Nueva Zelanda, Japón, Corea, Canadá, China y de toda Europa.

Juan Luis inició esta vez el Camino desde Girona y resume así su primer día de estancia en el albergue: «Es una alegría porque en esta época de masificación, cuando intentas hacer un camino que es hacia el interior de uno mismo, encontrar albergues con esta acogida, con este espíritu hacia los peregrinos, es muy reconfortante».

Don Carlos apostilla: «Suelo decirles a los peregrinos que el albergue se hizo con una doble finalidad: descansar y encontrarse con el Señor. Pero con el tiempo me he dado cuenta de que sólo hay una finalidad: si uno se encuentra con el Señor, descansa».

Leído en Opus Dei