Las temidas ampollas en los pies que sufren los peregrinos se pueden deber al calzado, al tipo de ejercicio, a no llevar los calcetines adecuados. Cuidar los pies tras cada etapa debe ser obligatorio para poder seguir andando en las mejores condiciones.

Es una de las actividades reinas del verano, coger cualquier camino, empezar a andar y llegar hasta Santiago de Compostela. Solo, acompañado, en grupo… peregrinar por diferentes rutas y motivos a la ciudad gallega es una actividad deportiva que sigue ganando adeptos. Eso sí, a todos nos ocurre casi lo mismo, las ampollas. Un clásico.

Preguntado el podólogo Juan Antonio Rodríguez, de la Clínica Pasillo Verde. “La aparición de ampollas se debe principalmente a que el usuario lleva un calzado inapropiado para el ejercicio que se esté realizando, o que este calzado sea de primera puesta. Es recomendable no llevar calzados nuevos cuando se hacen grandes caminatas como la del camino de Santiago. Hay que ponérselos como mínimo unas semanas antes para que el pie se adapte al nuevo calzado”, nos cuenta.

Para realizar el Camino de Santiago es importante que el peregrino tenga una preparación física adecuada, adaptar los trayectos a sus condiciones físicas (tanto en tiempo como en distancias) y ser conscientes de las limitaciones que cada uno tiene”, una recomendación que a la hora de preparar etapas no todo el mundo realiza correctamente.

“Respecto al cuidado de los pies, es imprescindible llevar un calzado adecuado, como hemos nombrado anteriormente, llevar calcetines de algodón para una correcta transpiración de la piel y cambiarlos a diario, mantener los pies hidratados (cremas después del ejercicio) y beber abundantemente agua o bebidas isotónicas”, fundamental la deshidratación realizando ejercicio al sol, y proteger el medio de transporte en este caso que son los pies.

“Se recomienda llevar siempre un pequeño botiquín para el cuidado de pequeñas ulceraciones o ampollas que se puedan presentar. Tras finalizar la jornada es importante descansar adecuadamente y guardar reposo, manteniendo los pies elevados por encima de la cadera para favorecer la circulación sanguínea y aplicar hielo indirectamente (tapado con un trapo o venda) en las zonas articulares doloridas durante 10 minutos aproximadamente. El hielo actúa como analgésico y como potente antiinflamatorio”, nos indica.

Uno de los mejores placeres de acabar una etapa durante el Camino de Santiago es meter los pies en los riachulos que suele haber durante el recorrido. Ese frescor no tiene comparación alguna. Y cuidará nuestros pies para preparar la siguiente etapa.

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