Juanma Fuentes, de Zaragoza, es el nuevo hospitalero del albergue municipal de Hontanas. Hace 4 años lo perdió todo y se lanzó al Camino de Santiago, donde encontró la vocación que le ha traído hasta la provincia, atender a peregrinos

Ahora trabaja para tener todo listo para los peregrinos :: Albergues del Camino de Santiago

Ahora trabaja para tener todo listo para los peregrinos. – Foto: Jesús J. Matí­as

Juanma Fuentes dice ser de Zaragoza pero, a estas alturas de la aventura que es su vida, Juanma Fuentes pertenece al Camino de Santiago. Concretamente ahora se entrega por completo al acondicionamiento del albergue municipal de Hontanas, establecimiento en el que permanecerá como hospitalero, al menos, durante dos años, prorrogables a tres más según el contrato.

A los doce años, Juanma se marchó a Madrid. Allí estudió Filosofía y Teología, después trabajó en artes gráficas e imprentas. «Por diversas circunstancias, hace cuatro años perdí todo, mi trabajo, mi casa, mi familia, el dinero, me quedé sin nada», explica Juanma. Ese momento fue un punto de inflexión, lo que desencadenó que todo cambiara. «Estuve viviendo hasta una temporada en la calle pero eso no es para mí, ni para nadie, hice todo lo posible por salir de ahí», recuerda el hospitalero.

Nada cambiará si la transformación no comienza en tu interior, así que Juanma se marchó a una comunidad, «muy majeta», de Huelva donde acogen a la gente y fue allí donde decidió recorrer el Camino de Santiago porque «tenía que organizarme la cabeza después de todo lo que me pasó», explica. Y así fue como encontró su vocación, la del ser hospitalero y atender a los peregrinos, esa aptitud que le ha conducido hasta nuestra provincia.

Comenzó realizando el Camino de la Plata y llegó hasta Finisterre y, como partió sin dinero, deshizo el camino andando para regresar, claro. Comer y dormir durante el trayecto también fue toda una hazaña. «Tuve que ingeniármelas para alimentarme y descansar. Llegaba a un restaurante y decía: friego y limpio a cambio de comida. Al principio me daba miedo, pensaba que ni comería ni dormiría. Había gente que me decía que sí, otra que no pero no tenía otra alternativa», recuerda Juanma con serenidad y humor, rememorando un hecho que le ha fortalecido. En los albergues hacía lo mismo, aunque confiesa que ha tenido que dormir en los sitios más inverosímiles, «una noche hasta en el nicho de un cementerio, durante una tormenta, porque el hospitalero no me dejó quedarme en el albergue. Y no fue mal, mis compañeros de noche no me dijeron nada», bromea.

Tras realizar cuatro veces el Camino de Santiago; el Francés, el del Norte, el Primitivo y el de la Plata, ida y vuelta, quién mejor que él para entender lo que necesita un peregrino. Además, en Trabadelo (León) comenzó a forjarse como hospitalero, allí pasó unos meses de voluntario, «le cogí el gustillo y ya fui colaborando en muchos más albergues», añade.

Bienvenido a Burgos.

En 2014 llegó a Hornillos del Camino sin saber dónde pasar el invierno burgalés y tuvo la suerte de encontrarse con los gestores del albergue municipal del pueblo. A cambio de alojamiento y comida ha gestionado como hospitalero este albergue desde octubre a marzo durante dos años. «Lo mantenía abierto, daba comida y alojamiento y lo cuidaba», explica, «pero ya necesitaba una estabilidad». Así que cuando le hicieron saber que la gestión del albergue municipal de Hontanas salía a subasta, animó a un amigo a pujar por él y fueron los ganadores del concurso. 

Aquí, «después de cuatro años voy a tener un sueldo», resalta con emoción e ilusión. Además, va a poder vivir de su vocación: «¿Qué más puedo pedir? Acoger a peregrinos, disfrutar con ellos es lo que más me satisface». Otro detalle importante es la libertad y estabilidad que han llegado a su vida, «ahora puedo hacer planes, tengo seguridad. Mi novia se mudará a Hontanas en unos meses y ya estoy buscando una vivienda para los dos aunque es difícil encontrar algo de alquiler por aquí», cuenta sin poder borrar la sonrisa.

Ahora se encuentran acomodando el albergue, limpiando las estancias, reubicando muebles. Todo en este alojamiento se hace desde la perspectiva de un peregrino, «estoy cambiando algunas cosas pensado en cómo me gustaría encontrármelas a mí si fuese el peregrino que llega tras una jornada de caminata», cuenta. 

Por el momento, estará él solo al frente del albergue, que se abrirá en breve, pero en los meses de más ajetreo planea contar con la ayuda de hospitaleros voluntarios y, por supuesto, de su pareja. «El Camino de Santiago me curó, me salvó la vida y cambió mi percepción de la realidad. Además, me ha hecho encontrar una vocación con la que devolveré parte de todo lo que se me ha dado», cuenta el nuevo hospitalero de Hontanas.

Leído en Diario de Burgos