Los albergues del Camino del País Vasco lamentan que el nuevo decreto “obligaría a cerrar la mitad”

El albergue de Santa Ana de Pasajes San Juan, uno de los hospedajes para peregrinos que posee el Camino del Norte a su paso por Gipúzcoa
El albergue de Santa Ana de Pasajes San Juan, uno de los hospedajes para peregrinos que posee el Camino del Norte a su paso por Gipúzcoa

El Gobierno Vasco trabaja en un borrador específico para estos hospedajes sin ánimo de lucro que acogen a peregrinos

La Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Guipúzcoa no ve con buenos ojos el nuevo decreto en el que trabaja el Gobierno Vasco desde hace un año para regular específicamente este tipo de establecimientos sin ánimo de lucro. «Obligaría a cerrar la mitad», aseguran desde la asociación, formada por personas voluntarias que gestionan y atienden estos albergues en su tiempo libre.

Hasta ahora, se regían por una normativa más general, de 2013, que regula todos los albergues de carácter turístico, pero el nuevo decreto se centra ahora en los del Camino de Santiago y, concretamente, en aquellos que son «gratuitos o con tarifas no lucrativas» y que están gestionados por una «entidad sin ánimo de lucro o entidad pública local», dejando fuera todos aquellos establecimientos en manos de propietarios privados.

En el borrador de la nueva normativa se especifican una serie de requisitos que los albergues deberían cumplir y que, según la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Gipúzcoa, provocarían que la mitad de estos locales cerraran la persiana. «No estamos por la labor de que nos marquen unos requisitos», se queja su presidente, Fernando Imaz. Desde el Gobierno Vasco, en cambio, tienden la mano y aseguran que en la realización del borrador «pudieron aportar sus consideraciones».

Un cuarto de baño por cada diez plazas, suministro de agua y electricidad las 24 horas, tomas de corriente en todas las habitaciones y recogida de basuras son algunos de los requisitos que se recogen en el borrador. Unas exigencias que, aseguran desde la asociación, pocos albergues podrán asumir, ya que son centros, muchas veces cedidos por los propios ayuntamientos, que gestionan estos voluntarios con el dinero que reciben de los donativos que dejan los peregrinos por dormir.

«No paran de meternos palos en las ruedas. No pueden ser tan exigentes», comenta Imaz, y hace referencia a que la asociación está compuesta por voluntarios con una media de edad de 75 años. «Hay hospitaleros que este año ha hecho hasta 120 turnos. Tenemos un miembro que sobrepasa los 90 años y cuando hay que montar y desmontar los albergues de San Sebastián y Zarauz -se instalan únicamente durante los meses de julio y agosto- no se presenta casi nadie», cuenta.

«Y lo de la Diputación es todavía más vergonzoso -añade Imaz-, puesto que en los albergues juveniles no permiten la entrada a peregrinos». A este respecto señala que muchas veces han pedido permiso para incluir a un grupo que carecía de espacio en algún albergue, «y no ha habido forma».

Desde el Departamento de Educación, Política Lingüística y Cultura del Gobierno Vasco aseguran que el nuevo borrador fue remitido a cada asociación con el fin de que «pudieran aportar las consideraciones que estimasen oportunas». De este modo, a partir de estas opiniones, el departamento se encuentra trabajando en la elaboración de un nuevo borrador que contará con audiencias para todos los interesados.

No obstante, las discrepancias entre las dos partes continúan. La credencial de peregrino es la única condición que deben presentar quienes están realizando la ruta jacobea para hospedarse en los albergues, junto a la mochila y el sello de su anterior estancia. Sin embargo, muchos turistas se aprovechan de ello y viajan a través de varios albergues con escasos kilómetros de distancia. «Vuelven marcha atrás varios kilómetros para así ir a otro que esté cerca», comenta Imaz.

Para evitar esta problemática, el Gobierno Vasco propone que sean las propias asociaciones las que otorguen la credencial. Una idea que rechazan rotundamente desde la de Gipúzcoa. «Nosotros no somos nadie para decir quién puede entrar o quién no», afirma el presidente.

Peregrino vs turista

El peregrino que acude hoy en día a los albergues no es el mismo que el de hace unas décadas. «Ahora ves familias que vienen con bebés, peregrinos con tiendas de acampada y hasta quienes se presentan en el albergue de Ulia con el sello del albergue de Pasajes -lo que supondría una etapa de apenas siete kilómetros en un día-«, cuenta Imaz, advirtiendo que, de este modo, muchas personas se aprovechan de las ventajas de los albergues con la excusa de haber hecho unos pocos kilómetros.

Todo, además, a muy bajo precio, puesto que el donativo que suelen dejar quienes pernoctan en estos establecimientos es de tres euros de media -la tercera parte va dirigida a Cáritas y el resto se utiliza para los propios gastos del albergue-. «Como cobramos la voluntad, pagan lo mínimo posible», reprueba. «La gente se planifica una pequeña ruta, Deba por ejemplo, y va de albergue en albergue disfrutando de unos días de vacaciones», lamenta el voluntario. «Estos no son verdaderos peregrinos -continúa-, y lo peor es que hacen cola durante horas hasta que abra el albergue para asegurarse cama, coger la toalla e ir a darse un chapuzón».

Su compañero Satur Telletxea, quien suele acoger a los peregrinos en el albergue Santa Ana de Pasajes San Juan, indica que «son personas que vienen con muchas exigencias» y relata que, entre otras, ha tenido que escuchar quejas sobre el wifi, el desayuno y la temprana hora a la que tienen que acostarse. «Una persona que realmente viene caminando durante kilómetros solo piensa en descansar», concluye.

El conflicto

‘Hospitales de peregrinos’.

El decreto regulará los albergues del Camino de Santiago del Norte sin fin lucrativo, gestionados por asociaciones sin ánimo de lucro y que no están abiertos al público general, sino que solo acogen a peregrinos, como son los albergues de Irún, Pasai Donibane o Zumaia y en verano los de Zarautz y San Sebastián, por ejemplo.

Nuevos requisitos.

Entre las exigencias del nuevo borrador están disponer de un cuarto de baño por cada diez plazas y tomas de corriente en todas las habitaciones, lo que según la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Gipúzcoa, «ni la mitad las cumplen».

Voluntarios.

Los albergues están gestionados por voluntarios (hospitaleros) con una media de edad de 75 años. Se autofinancian con los donativos, que suelen rondar los tres euros de media por peregrino.

Los datos

San Sebastián acogió durante los meses de julio y agosto a un total de 3.700 peregrinos en su albergue.

Otro de los albergues que tuvo una notable afluencia fue el de Zarauz, 3.200 personas en verano.

Leído en Noticias de Guipúzcoa

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