El albergue de la Cofradía del Santo recibió a 21 peregrinos en su reapertura

Óscar San Román y María Milagros Luzuriaga, junto al albergue.
Óscar San Román y María Milagros Luzuriaga, junto al albergue.

Las instalaciones reducen su oferta de camas a 90, la mitad de las que tiene, y se han dotado de todas las medidas de seguridad e higiene obligatorias

El albergue de peregrinos de la Cofradía del Santo de Santo Domingo de la Calzada reabrió el domingo sus puertas tras casi cuatro meses cerradas por la pandemia del COVID-19. Veintiún peregrinos pasaron ese primer día por las instalaciones, en las que se han extremado al máximo las medidas de seguridad e higiene, conforme al protocolo para la prevención del contagio establecido por el Gobierno de España.

La reanudación del servicio era una necesidad moral, para dar respuesta al «compromiso» que la secular entidad mantiene con el Camino de Santiago y con los peregrinos. Nunca antes había cerrado el actual albergue, que fue uno de los primeros que allá por los años 70 abrieron en la ruta jacobea y, actualmente, de los pocos que no las cierra ningún día del año. Incluso en Navidad, Nochevieja… acoge peregrinos.

La pandemia ha sido la excepción; una causa de fuerza mayor que, además del parón en un servicio incrustado en el espíritu hospitalario que la ciudad mantiene como legado de su patrón, ha infligido un grave perjuicio económico a la cofradía, que ahora va a tener que desplegar un esfuerzo ímprobo en el día a día de la vuelta a la ‘nueva normalidad’.

Nada más poner los pies en él, el peregrino, que obligatoriamente debe acceder con mascarilla, se encuentra con una alfombra desinfectante de calzado, al lado de la cual hay un dosificador de gel hidroalcohólico. Los cofrades del año, que ejercen ahora como voluntarios hospitaleros –tanto en labores de atención como de limpieza–, les toman la temperatura, desinfectan la mochila (que es introducida en una bolsa) y registran su llegada.

«Es un legado que el Santo nos dejó y por ningún motivo lo podemos dejar. Debemos seguir adelante con ello», asegura el prior

Esta es la antesala de un albergue que se ha pretendido convertir en lo más parecido a un ‘bunker’ contra el virus. En cumplimiento de la reducción de aforo al 50% las camas disponibles han pasado de 180 a 90, con una distancia de seguridad entre ellas de casi dos metros. Como ya venía haciendo la cofradía antes de la pandemia, los peregrinos reciben al entrar una sábana y una almohada desechable. El colchón tiene una funda antiácaros.

Como marca la normativa sanitaria, se han eliminado las cocinas, así como las zonas comunes y salones. Únicamente se mantiene abierto el patio exterior trasero, al aire libre, por la existencia en él de lavabos y como lugar en el que los peregrinos pueden colgar la ropa que laven.

La cofradía está en contacto con la Asociación de Municipios del Camino de Santiago y con la Fraternidad Internacional del Camino de Santiago, dos de las asociaciones más importantes de la ruta jacobea, con las que comparte objetivos –por ejemplo, que hubiera un albergue abierto cada 25 kilómetros–, protocolos de actuación y, relacionado con esto, la participación en el programa ‘Albergue seguro’, que garantiza que cumple todos los requisitos.

Los priores, Óscar San Román y María Milagros Luzuriaga, afrontan esta nueva etapa con responsabilidad, a la vez que con ilusión, por lo que de nuevo paso hacia la normalidad supone. «Es muy duro, pero tendremos que aclimatarnos y seguir adelante con ello. Es un legado que el Santo nos dejó y por ningún motivo lo podemos dejar. Toda la cofradía del año está volcada para seguir adelante; hacia atrás ni para coger impulso», subrayó el prior.

Leído en La Rioja

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