Un nuevo Camino en Logroño: «Más solitario» y sin Puente de Piedra

Javier, Nati, Pepi y José, hospitaleros del Albergue Municipal de Peregrinos.
Javier, Nati, Pepi y José, hospitaleros del Albergue Municipal de Peregrinos.

Un Camino diferente este año, pero Camino al fin de a cabo. En plena crisis del COVID-19, el albergue municipal de peregrinos de Logroño recibe a los huéspedes con todas las medidas de seguridad pertinentes. «Me ha indicado un chico que viene desde Saint Jean Pied de Port que este es el único albergue en el que le han metido la mochila en la bolsa, no es obligatorio», indica Nati, una de las hospitaleras que cuidan de los caminantes en Logroño.

«La verdad que están viniendo más peregrinos de lo que pensábamos», reconoce Pepi, hospitalera desde hace siete años junto a su marido José. Toda precaución es poca para mantener a raya al virus en el albergue: tomas de temperatura, una desinfección continua, el aforo reducido a la mitad de huéspedes, recorridos marcados de entrada y salida y geles a disposición de los caminantes toman protagonismo.

«No querían que las circunstancias del COVID-19 me determinasen en exceso. Llevo mascarilla, hidrogel y tomo bastantes precauciones», explica Ignacio, peregrino cada verano desde hace cuatro años. Tiene motivos para seguir avanzando por la ruta Jacobea: «Soy transplantado renal, de una donación que me hizo mi hermana y el primer Camino que hice fue para dar gracias a Dios y a ella y para pedir salud para los dos. Es una motivación fuerte y trato de mantener mi compromiso año tras año». Así, si todo marcha según lo previsto, Ignacio llegará a Santiago de Compostela en tres semanas.

«Este año el Camino es más tranquilo, más solitario, hay un ambiente menos social: no puedes cocinar en lugares comunes y lo tienes que hacer por separado», describe. La densidad también se ha visto afectada, porque «el volumen de personas también es mucho menor, lo que es preocupante para los albergues privados, que intuyo que lo estarán pasando regular».

Además de las consecuencias obvias del coronavirus, el Camino de Santiago ha contado con otro gran cambio en su paso por la capital riojana: el corte del Puente de Piedra, sometido a obras de rehabilitación. Los peregrinos deben, por tanto, recorrer una ruta alternativa para llegar al albergue. «Es decepcionante si ya lo has pasado en otras ocasiones», opina Ignacio. «A mí me gustaba cruzar ese puente, en todos los Caminos anteriores lo había hecho, pero está bien indicado, te lleva hacia donde tienes que ir».  Así, como indica Javier, hospitalero logroñés, ahora los peregrinos «deben cruzar el Puente de Hierro».

Si bien este año reina la soledad en el Camino de Santiago, las personas que lo transitan son inolvidables. Así lo comparte Nati, quien decidió hace nueve años y, rondando las sesenta primaveras, calzarse por primera vez las zapatillas. Desde su primera andadura, todos los años se reencuentra con sus compañeros de viaje. «Unos van y otros vienen, hay una comunicación: eso es el Camino, tiene un algo, una magia».

Leído en nuevecuatrouno

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