Los peregrinos regresan a una Ruta de la Plata «más tranquila»

Víctor y Vicente a la puerta del albergue municipal
Víctor y Vicente a la puerta del albergue municipal

Desde que el albergue Casa La Calera reabrió sus puerta el pasado 1 de julio, tras el parón de la pandemia de la Covid-19, un total de 39 peregrinos han pasado por allí

El año 2021, coincidiendo con la celebración de Año Jacobeo y año en el que la luz parece vislumbrar el final del túnel en cuanto a la pandemia se refiere, ha dado lugar a la reapertura progresiva de varios albergues de peregrinos. Uno de ellos es la Casa La Calera, en Salamanca. Este albergue municipal se vio obligado a cerrar sus puertas tras la declaración del estado de alarma en marzo del año pasado y no ha sido hasta este pasado 1 de julio cuando ha comenzado a recibir de nuevo a los peregrinos que se encuentran recorriendo la Vía de la Plata.

En el albergue se encuentra su coordinador Víctor, que pertenece a la Asociación de Peregrinos de Salamanca y se encarga «de que el albergue funcione». Desde la apertura, reconoce, «hemos tenido que ponernos al día, adaptarnos de nuevo a los quehaceres diarios del albergue».

Acompañando a Víctor se encuentra Vicente Saavedra, un hospitalero procedente de San Sebastián y perteneciente a la Asociación del País Vasco y también a la nacional. Ha sido a través de la Asociación Nacional de Peregrinos por la que ha conseguido llegar hasta Salamanca y, durante quince días, se encarga de formar parte de la familia de Casa La Calera, donde recibe y da la bienvenida a los peregrinos. Tras la quincena, este hospitalero dejará su lugar para que sea ocupado por otro, procedente de España o del extranjero.

Desde que el albergue salmantino reabrió sus puertas a principios de julio han llegado un total de 39 peregrinos (a fecha de 19 de julio), siendo en gran parte hombres. En su mayoría son españoles, ya que como menciona Vicente «el perfil del peregrino ha cambiado y ha pasado a ser más nacional por las restricciones, que hacen que no sea tan fácil viajar desde fuera». No obstante, Salamanca ha recibido también a peregrinos procedentes de Alemania, Italia o Inglaterra.

Casa La Calera, en Salamanca, sigue manteniendo su encanto tras el parón pandémico, con el Huerto de Calixto y Melibea y las catedrales a escasos metros aunque, como el resto de lugares de hospedaje, ha tenido que adaptar sus normas. «Actualmente en habitaciones en las que podían dormir 8, ahora solo pueden dormir 4 peregrinos, salvo que vengan hermanados desde el principio y entonces pueden dormir en la misma habitación», explica Víctor. El coordinador también señala que han tenido que adaptarse en cuanto al control de la pandemia se refiere, tomando la temperatura a todo el que llega y obligando al uso de mascarilla y de gel hidroalcohólico para evitar la propagación del virus.

Tanto Víctor como Vicente, ambos veteranos en la peregrinación, coinciden en que la gente joven que decide adentrarse en la aventura de hacer el Camino de Santiago ya no lo hacen desde una tradicional motivación religiosa. «Yo pienso que la motivación es más deportiva que religiosa», reconoce Vicente. En cambio, eso no es motivo para que el Camino pierda su esencia, «lo que hay que tener es sinceridad, compañerismo, honradez y ser legal. El Camino es ayuda, compartir y tener ganas de conocer gente nueva», añade Víctor.

Con todos esos valores, Alec y Matheus llegaron al albergue hace tan solo unos días. Alec, un joven italiano de 22 años, ha decidido aprovechar estos meses de verano antes de comenzar la universidad para hacer el camino y sentir «la libertad de viajar de ciudad en ciudad». Tiene la intención de llegar a Santiago, pero al igual que el resto del mundo, vive con la incertidumbre del avance de la Covid-19, sintiendo «responsabilidad como ciudadano extranjero» de no propagar más aún el virus. El italiano hace una crítica al Camino y es que, según reconoce, pensó en abandonar por la falta de agua y el calor en el tramo desde Sevilla hasta Castilla y León.

En el trayecto, Alec conoció a Matheus, un inglés de 26 años cuya intención es terminar el Camino de Santiago para después ir hasta Santander y desde allí coger un ferry a Inglaterra. Matheus regresa de pasar cinco meses trabajando en Tenerife y ha decido recorrer la Vía de la Plata para «pasar el mayor tiempo posible en España», como él mismo reconoce entre risas. Para Matheus, este año el Camino es más tranquilo, y eso hace que se cree más unión entre los que, como él, se han decidido a poner rumbo a Santiago.

Ambos destacan el buen recibimiento del padre Blas en Fuenterroble de Salvatierra, coincidiendo en que ha sido el lugar donde más cómodos se han sentido. «Allí encontré mucha hospitalidad y en otros lugares se notan más las ganas de hacer negocio», añade Alec; mientras que Matheus, al que «le gustan estos pueblos pequeños», destaca que Blas les ofreció «mucha comida, muchísima, y además se encargó de mostrarles todo el encanto del área».

Con el Camino como punto de unión entre ambos, estos jóvenes compartirán al igual que muchos otros la esencia anteriormente mencionada, que a pesar de la pandemia, sigue vigente en este Año Jacobeo 2021.

Leído en El Norte de Castilla

 

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