El albergue de San Martín de Laspra sumó casi 800 peregrinos entre julio y agosto

El número de romeros extranjeros ha mermado notablemente por las restricciones, pero el de nacionales se ha mantenido estable

Hileras de botas de senderismo alineadas junto a la puerta, grandes macutos con su contenido esparcido sobre las literas, rostros cansados y felices a un tiempo… Ninguno de los detalles tradicionalmente asociados a los albergues que acogen a los peregrinos en su ruta hacia Santiago de Compostela ha faltado este verano en el alojamiento de San Martín de Laspra. Desde que el 1 de julio reabriese sus puerta tras dieciséis meses de clausura, la actividad ha sido frenética en sus dependencias. Y el resultado se ha hecho patente; en solo dos meses, casi ochocientas personas han pernoctado allí.

«Son muchos menos que los que habrían venido en un año normal, claro, pero también muchos más de los que esperaba que viniesen», reconoce José Antonio González, fundador y director del establecimiento. Y es que, pese a tener sus 46 plazas teóricas reducidas a la mitad, su temporada estival ha sido un no parar de poner lavadoras, realizar limpiezas, desinfectar instalaciones y, en suma, hacer a los peregrinos la vida más cómoda.

Su estrategia ha sido sencilla, acorde con las directrices impuestas desde la Consejería de Salud: medidas de seguridad lógicas, reducción de aforos y estancias compartidas solo para parejas o grupos. De hecho, esos dos últimos modelos de peregrinación han crecido notablemente este verano. «Hemos tenido muchos grupos-burbuja, y parejas que hacían el Camino. Ellos sí han podido alojarse sin necesidad de separarse».

Tanto la tardía apertura como, sobre todo, el menor número de visitantes extranjeros ha condicionado la cifra final, aunque el montante de españoles apenas ha variado en relación a años previos a la pandemia. Además, los problemas no han estado ausentes. «Casi todos los que han venido tuvieron problemas al pasar por el País Vasco en agosto, por las severas restricciones», comenta González.

Pero ni esos imprevistos, ni el ingente esfuerzo realizado, eclipsan la alegría que le embarga, mientras prosigue con su labor hasta que, el 30 de octubre, eche el cierre de nuevo, a la espera del próximo marzo. «Es mejor quejarte de que tienes mucho trabajo que de lo contrario; y, en términos emocionales, da alegría ver que la gente vuelve a echarse al Camino. Es volver un poco a la normalidad. Ves a los peregrinos, con mayúsculas».

Leído en El Comercio

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ir arriba