Los secretos del Camino de Santiago más primitivo

Realizar el Camino Primitivo requiere buena forma física. Foto Jose Antonio Gil Martinez | Flickr
Realizar el Camino Primitivo requiere buena forma física. Foto Jose Antonio Gil Martinez | Flickr

El Camino Primitivo fue la primera senda de peregrinación a Santiago. Impulsada por el rey Alfonso II, su paso por Asturias es un viaje a los tiempos medievales a través de valles y pequeños pueblos

El primer Camino de Santiago era muy breve, apenas unos 321 kilómetros. Era el trazado que empezaron a transitar los peregrinos tras la supuesta revelación de un ermitaño, que aseguraba haber visto luces sobre un túmulo funerario que indicaban que allí yacía uno de los apóstoles.

Al rey Alfonso II de Asturias, allá por el siglo IX, el presunto milagro fue la oportunidad justa para dar un motivo de unión al cristianismo en su guerra contra los reinos musulmanes.

En el bosque de Libredón, cerca de la actual Santiago de Compostela, ordenó construir un monumento funerario que dio en custodia a una orden monacal, y a partir de ahí la rueda de la devoción, los milagros y el culto a las reliquias comenzaría a girar sin cesar hasta la actualidad. Como herramienta de marketing medieval, ha sido sumamente efectiva.

Porque por más que el Camino de Santiago se haya multiplicado en una red de sendas por España y Europa, todavía es posible transitar por los valles y pueblos que atraviesa el Camino Primitivo.

El tramo asturiano del Camino Primitivo

Se supone que este había sido el trayecto que había seguido Alfonso II y su séquito, tomando como referencia una antigua calzada romana, hacia el oeste.

Por este motivo y porque ha conservado la esencia de devoción y superación de los antiguos peregrinos es que muchos prefieren esta alternativa.

El tramo correspondiente a Asturias es de 141 kilómetros desde Oviedo al puerto del Acebo, en el límite con las tierras gallegas; un recorrido que se sugiere dividir en siete etapas, a una media de 20 kilómetros cada una.

Oviedo, la partida

El punto de partida tradicional es la catedral de Oviedo, guardiana de numerosas reliquias y de las famosas cruces que ilustran la bandera asturiana.

Hasta las Grandas de Salime el trayecto transcurre por la franja central del suroccidente asturiano, valles de orografía compleja que ha vivido siglos de aislamiento; por lo que se pasa por pueblos y rincones que parecen detenidos en el tiempo.

Eso sí, es un recorrido que requiere de un mayor esfuerzo físico que otras sendas. Pero el esfuerzo vale la pena.

Las joyas históricas del Camino Primitivo

A lo largo del camino se descubren interesantes reliquias históricas, como las termas romanas de Santa Eulaia de Valdunu y la capilla de los Dolores en Grau, cercana al palacio de los Miranda-Valdecarzana y la reconstruida muralla medieval.

El monasterio de San Salvador de Cornellana (que combina el románico con el barroco), la colegiata de Salas y su encanto medieval, así como el palacio de los Cienfuegos de Peñalba, en Pola de Allande, son otros puntos donde el viajero se encuentra con la historia.

Caminando se pasa por el puerto de Palo, donde está documentado como el lugar donde se realizó el último aquelarre, el encuentro de brujas, de Asturias.

Por pueblos y valles

Para llegar hay que atravesar el paraje de Buspol y el hermoso paisaje que despliega el embalse de Salime.

En el lugar está el pueblo de Castro, donde parece que nada cambió en centurias, y las cercanas ruinas de una villa romana.

A pocos kilómetros está el puerto de Acebo, límite entre Asturias y Galicia, y final de la etapa del Camino Primitivo en estas tierras.

Desde Salas hasta Berducedo hay una bifurcación que corre en paralelo llamada la variante de Hospitales.

Es un trazado que requiere una mejor forma física debido a sus pendientes más pronunciadas, pero que permiten atrapar impactantes paisajes naturales.

El camino también es gastronómico

En Oviedo se suceden las tabernas, sidrerías y restaurantes que dan cuenta de clásicos de la cocina asturiana como la fabada o el pote, los quesos, dulces pescados, mariscos y la clásica sidra o el célebre vino de Cangas.

Entre los platos típicos que hay que probar en los pueblos están el tocinillo de Grado; los carajitos del profesor en Salas; el Chosco en Tineo, y también el repollo relleno de Pola de Allande, o los embutidos, carnes y caldos de Grandas de Salime.

Porque no todo el camino es un devenir de templos, pueblos y valles. La impronta gastronómica está más que presente, porque hace falta tener una buena ración de calorías para afrontar las caminatas por este rincón de Asturias.

Leído en Tendencias Hoy

 

 

 

 

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