Reabre el albergue de peregrinos de Pobeña gracias a las hermanas Maya y Dori

Hospitaleras voluntarias en el albergue de Pobeña (Vizcaya) - Camino del Norte :: Albergues del Camino de SantiagoLas voluntarias cuidan de los caminantes que acuden desde todo el mundo

No hay barrera que la empatía no ayude a superar. Ni siquiera el idioma o las costumbres tan dispares de los cientos de peregrinos y peregrinas que cada año confluyen en el albergue de Pobeña, uno de los más visitados de los que atiende la Agrupación de Hospitaleros Voluntarios de Bizkaia.

Y para muestra los numerosos elogios que a diario dejan escritos los peregrinos que pernoctan en el albergue de Pobeña hacía Maya y Dori Morales, dos hermanas bilbainas que desde el 1 de abril atienden este refugio jacobeo acondicionado en 2005 en las antiguas escuelas del núcleo costero.

Una filia que, aunque no se traslade al papel del libro de visitas del albergue, los peregrinos extienden a Nati De Prado, la propietaria del Bar Itxaspe que desde hace casi 17 años abre sus puertas a diario desde las 6.30 a 9.00 de la mañana para que los caminante puedan tomar un desayuno con el que coger fuerzas para continuar el viaje por la ruta de la Costa hacia Santiago de Compostela. “Fue una apuesta y supone un gran esfuerzo porque cuando abro ya está toda la barra presentada pero esta gente que hace el Camino de Santiago se merece que se les trate bien. De hecho nosotros para los peregrinos tenemos menús para comer y cenar con un precio popular que mantenemos el fin de semana”, apunta Nati De Prado, una pobeñesa luchadora que enviudó muy joven y ha sacado adelante a sus dos hijos con su dedicación a la hostelería en la que comenzó muy joven y le llevó a atender durante más de 15 años los comedores de la central nuclear de Lemoniz.

Maya y Dori no llevan tanto tiempo en la órbita del albergue de Pobeña ya que se incorporaron en 2018 a la Agrupación de Hospitaleros Voluntarios de Bizkaia -que atiende también los albergues de Markina, Larrabetzu y desde junio el de Lezama– pero se han ganado el corazón de muchos de los peregrinos que paran en Pobeña.

Las tatas, rezuman alegría, buen humor y esa capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos. “¿Sabes qué gratificante es esto? Tú das tu tiempo y tu trabajo físico pero lo realmente importante es que das amor, cariño y consuelo a los peregrinos. De alguna manera es como dar de comer al hambriento, de beber al sediento y dar posada al peregrino sin que parezca tan eclesiástico. Es una experiencia muy grata e intensa. Hay gente con la que apenas has convivido unas horas, no las has vuelto a ver y nos siguen escribiendo por WhatsApp para contarnos cómo les va la vida después de 3 años”, revela Maya Morales, la mayor de las hermanas que aunque reside desde hace más de 30 años en Lezama, ejerce de bilbaina irredenta. “En fiestas la gente de Lezama se viste de baserritarra pero yo sacó mi pañuelo y me visto de bilbaina, que yo soy nacida en el Casco viejo”, declara esta jovial madre.

“Coges cariño a la gente y te queda un poso importante de las personas que pasan por aquí, que vienen de los lugares más remotos. Hemos tenido hasta un grupo de monjes Shaolin”, recuerda esta ama de casa que se unió a los hospitaleros voluntarios en 2018 tras trabajar con una empresa de hostelería que atendió la cena de hermandad que anualmente organiza la agrupación para los cerca de 300 miembros y colaboradores. “Una amiga me dijo si quería ganar un dinerito ayudando en el servicio de la cena de la agrupación y fui. La cosa es que me encantó el ambiente de camaradería que allí se veía y al de unos pocos meses les llamé para ver si podía sumarme y aquí estamos mi hermana y yo desde 2018 y con muchas ganas sobre todo después de haber estado dos años cerrado por la pandemia”, asegura Maya.

“Para nosotras estar aquí, aparte de la labor emocional y física que hacemos, nos sirve de reencuentro y volver a ser las niñas que duermen en una litera, que nos hacemos bromas y nos lo pasamos genial”, admite Maya.

Un carácter afable que comparte su hermana Dori, que sigue viviendo en Bilbao y disfruta de una segunda juventud con este “trabajo” de hospitalera que le ha traído a unos parajes de los que reconoce “estoy enamorada”. “Son los paisajes de mi niñez”, apunta Dori, quien recuerda que su hermane Maya le dijo que le iba a hacer un regalo para su cumpleaños. “Y vaya si lo fue. Pobeña es mi otro pueblo”, admite esta técnico administrativa que trabajó muchos años para la empresa Aurtenetxea.

Usuarias de un spanglish de tebeo, palabras sueltas en varios idiomas pero hábiles con el lenguaje de signo y la mímica “como harían los hombres de las cavernas”, Dori y Maya tienen siempre el teléfono cerca para poder buscar un traductor on line con el que salir de algún aprieto lingüístico. “Con los monjes Shaolin no sabíamos como hacernos entender pero al final estuvimos hablando con ellos casi tres horas y hasta de temas de enjundia”, comentan estas dos hermanas que el próximo día 18 dejarán momentáneamente el albergue pobeñés aunque volverán para Mayo. “Si todo va como está previsto volveríamos para el 11 de mayo y estaremos hasta final de mes, hasta el 28”, señalan las hermanas Morales que subrayan el hecho de que “este año estamos viendo una gran cantidad de chicas jóvenes, sobre todo alemanas y francesas que viajan solas, más que chicos”, apostilla Dori quien recuerda que el albergue está abierto todos los días desde las 15.00 horas hasta las 22.00 horas. “A las 8.30 de la mañana abrimos la puerta y empezamos con luz tenue para que se vayan despertando porque a las 8.00 tiene que estar todo el mundo fuera ya que solo se puede estar una noche salvo que estés enferma. De hecho en estos días de abril hemos tenido a una chica alemana que se encontraba mal. El primer día la mantuvimos a base de infusiones. Al segundo día le pedimos un plato de arroz a Nati la del Itxaspe -que por cierto nos lo regaló- y parece que le sentó bien porque se recuperó y pudo seguir su camino”, detallan Dori y Maya.

“Aquí viene gente de todo tipo pero enseguida les hacemos ver cuáles son las normas. Yo ya les digo, aquí la amatxu, la mamá, la mother, soy yo. Y es que tienes que convencerles de que a las 22.00 horas, en julio, y con niños jugando frente al albergue, ellos tienen que irse a la cama”.

“Los peregrinos son muy distintos pero al final todos necesitan un poco de consuelo ”

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