Pasa por Ribadeo el peregrino de los récords, en su 124 Camino de Santiago

Rafael Azor: «Vivo solo, así que cuando engordo dos kilos corto la luz, el agua, arranco… y hasta la vuelta»

Rafael Azor en el albergue A Ponte de Ribadeo, donde pasó la noche de camino hacia Avilés, etapa que iba a hacer este jueves en su bicicleta
Rafael Azor en el albergue A Ponte de Ribadeo, donde pasó la noche de camino hacia Avilés, etapa que iba a hacer este jueves en su bicicleta

Rafael Azor Redondo (Zaragoza, 1957) llegó ayer a Ribadeo e hizo noche en el albergue A Ponte, en el regreso de su 124 Camino de Santiago. Nadie acumula tantas Compostelas, ni de lejos, pero él no le da una especial importancia, aunque desde hace dos décadas peregrinar ocupa una parte sustancial de su vida, varios meses al año.

Ayer, conversando con él, recordaba que hace más de diez años ya se publicó un reportaje en La Voz de Galicia cuando se encontraba en Burgos. Entonces recorría su Camino número 28: «Luego volví a salir en el 2014, en el que era el Camino 56. El tiempo pasa. Ahora, a mis 65 años, repito y ya voy en el 124», dice con una sonrisa.

Rafael fue minero y cuando se prejubiló se animó a peregrinar por primera vez a Santiago. Fue en el año 2000. Desde entonces ya no ha parado. Cuenta que tiene tres hijos mayores y que vive solo de modo que «cuado llevo un tiempo en casa y engordo un par de kilos, corto la luz, el agua, arranco y hasta la vuelta. Me gusta hacerlo así, porque me lo puedo permitir. Pero creo que ya empiezo a cansarme un poquito. Este año cuento con hacer once Caminos. De momento llevo seis, dos andando y cuatro en bicicleta. El próximo andando será en otoño, por el Camino Portugués».

En esta ocasión partió el mes pasado desde Zaragoza en bicicleta, con destino a Algeciras. De allí subió a Santiago, Fisterra, Muxía y ahora está de regreso a su casa. La etapa de ayer le llevó a Ribadeo desde Baamonde. «Lo habitual es que haga unos 150 kilómetros diarios en bici. Hoy me lo tomé con tranquilidad, pero ayer salí de Muxía hasta Baamonde. El GPS me llevó por unos sitios que ni me lo creía, cerrados por zarzas. Fueron menos kilómetros pero por sitios sorprendentes».

«No tengo pareja desde hace años, dispongo de tiempo libre, me llevo muy bien con mis hijos y mis nietos y esta es una afición que me mantiene en forma. Hoy mismo una chica me ha dicho que para la edad que tengo estoy muy musculado», comenta de nuevo con buen humor.

Y añade: «La verdad es que me castigo bastante, tanto andando como en bici. Andando suelo hacer etapas de 40 kilómetros y en bici de 150. Si hago menos me aburro. Sí, me gusta esforzarme y así me mantengo en buena forma», añade.

Rafael echa cuentas y apunta: «De los 124 Caminos que he habré hecho cuando concluya este, 82 habrán sido en bicicleta. El resto, andando. Menos el portugués y el francés, el resto los hago siempre en bicicleta. He llegado a hacer 13 en un año. ¿El que más me gusta? En verano me gusta el del Norte, en bicicleta, y en invierno el francés andando. Lo que ocurre es que cada vez se complica más en invierno, porque cierran muchos albergues públicos, porque al parecer no hay suficientes peregrinos, y a veces te encuentras con dificultades para dormir. Llegas a un pueblo en el que el albergue está cerrado y tampoco hay hostal. Antes no era así, los albergues públicos siempre estaban abiertos. Es una lástima. Y creo que así lo están estropeando».

Rafael convivió con el covid. Recuerda que en Oporto tuvo que interrumpir una peregrinación, al dar positivo. Pero no ha sido un hándicap para que siga haciendo lo que más le gusta: coger su mochila y caminar. No se pone una meta, porque el número de peregrinaciones no es lo importante, sino la experiencia, que quiere seguir disfrutando: «Hago caminos como cuadra, unos años más, otros menos, dependiendo de muchos factores. Pero esta es una forma de vida que por fortuna me puedo permitir y me encanta».

Leído en La Voz de Galicia

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