Sanidad revisará los albergues del Camino por la escalada de las plagas de chinches y pulgas

La Consejería inspeccionará las duchas de todos los recintos para evitar un posible foco de legionelosis por falta de higiene

Aunque parezca mentira, la ley no exige expresamente a los albergues que cuenten con un programa de control de plagas por parte de una empresa especializada. Una realidad que choca con el incremento detectado por la Consejería de Sanidad en las picaduras de chinches y pulgas en las instalaciones de esto tipo ubicadas en el Camino de Santiago durante los últimos años. Y este 2010 se celebra el Jacobeo, con lo que su uso estará muy por encima de las 40.000 personas habituales por cada ejercicio. Por eso la Dirección General de Salud Pública tiene previsto que sus inspectores visiten los albergues para revisar qué medidas se han adoptado en cada uno y si cuentan con un plan propio de control, “y de una manera especial dirigido contra la presencia de chinches”.

Sanidad aprovechará la primera revisión que se haga dentro del programa de vigilancia de aguas de consumo y control de legionelosis. A la vista de los resultados de la inspección, a los encargados del cuidado de los albergues se les dejará constancia “de las posibles deficiencias detectadas” tanto en las propias instalaciones como en el plan con el que trabajen para evitar la propagación de los insectos.

El otro principal foco de atención para garantizar la salubridad de los albergues está en el agua. Los estudios que maneja la Junta vinculan muchos de los casos de gastroenteritis aguda de los peregrinos con el consumo de agua no embotellada. Todas las instalaciones tienen que contar con un sistema de abastecimiento que garantice que sea apta para el consumo y contener cloro. Los registros de control de desinfectante deberán ser, como mínimo, quincenales, excepto entre los meses de abril y septiembre, coincidiendo con la llegada de más viajeros, que se harán cada semana. La supervisión de Sanidad estará pendiente también de las analíticas de la calidad del agua, con la exigencia de que se hagan mensualmente, cada dos meses o por cuatrimestre en función de si tienen abastecimiento propio o están conectados a la red general y el volumen que muevan.

Esa calidad del agua incidirá, entre otros muchos aspectos como la limpieza, en la probabilidad de que los albergues se puedan convertir en una fuente de legionelosis. A efectos sanitarios, las duchas de los recintos se consideran lugares de riesgo. El departamento que dirige Pilar Farjas prevé inspeccionar todos los albergues para comprobar el estado higiénico.

A los ayuntamientos también les toca asumir parte de los controles, como encargados de supervisar que los titulares de los establecimientos, como cualquier otra actividad comercial o pública, cumplen realmente con la normativa. Pero además, de ellos depende que las fuentes que se reparten por el Camino de Santiago no contengan ningún tipo de microorganismo, un parásito o una sustancia que en determinada concentración pueda suponer un riesgo para la salud. Las fuentes naturales que no estén sometidas a ningún tratamiento deben contener un cartel que aclare que el agua no tiene garantías sanitarias. La frecuencia para los controles para el resto –las que siendo naturales sí tienen desinfectantes y las que están conectadas a la red de abastecimiento,– será la misma que la establecida en los albergues.

Fuente: farodevigo.es

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