Peregrina caminando por el Camino de Santiago en un entorno natural

Los beneficios psicológicos del Camino de Santiago

Hay quien empieza el Camino de Santiago porque quiere llegar a Santiago. Y hay quien sale porque necesita, durante unos días, alejarse de lo que ha dejado en casa.

Una decisión pendiente. Una separación. Un cambio de trabajo. Una época complicada. Cansancio acumulado. O simplemente esa sensación difícil de explicar de que vendría bien caminar durante un tiempo y reducir la vida a algo mucho más sencillo: levantarse, ponerse la mochila y colocar un pie delante del otro.

Durante décadas, los beneficios psicológicos del Camino se han explicado sobre todo a través de testimonios. Peregrinos que regresaban diciendo que estaban más tranquilos, que habían puesto algunos problemas en perspectiva, que se conocían mejor o que tenían más claro qué querían hacer después.

Ese tipo de experiencias siguen siendo personales y no pueden medirse todas con un cuestionario. Pero hoy contamos también con algo que hasta hace pocos años era bastante escaso: investigación científica específicamente realizada con peregrinos del Camino de Santiago.

Y sus resultados son interesantes.

El Proyecto Ultreya, publicado en 2024 en la revista científica Journal of Happiness Studies, encontró mejoras en diferentes indicadores de bienestar psicológico entre quienes realizaron el Camino. En algunas variables, esas mejoras fueron superiores a las registradas por personas que habían disfrutado de unas vacaciones convencionales.

Eso permite hablar del llamado “efecto Camino” con algo más que impresiones personales. Aunque también obliga a hacerlo con prudencia.

El Camino puede favorecer el bienestar psicológico, pero no es una terapia milagrosa, no afecta igual a todas las personas y no sustituye un tratamiento psicológico o psiquiátrico cuando existe un problema de salud mental.

Qué encontró el estudio Ultreya sobre el Camino de Santiago

El trabajo científico se titula Assessing the Impact of the Way of Saint James on Psychological Distress and Subjective Well-being: The Ultreya Study.

Fue realizado por investigadores vinculados a diferentes instituciones españolas y publicado en 2024 tras varios años de seguimiento y recogida de datos.

Su interés reside, entre otras cosas, en que los investigadores no se limitaron a preguntar a los peregrinos cómo se sentían al llegar a Santiago.

Los participantes fueron evaluados antes de empezar el Camino y después de terminarlo. Además, se incorporó un grupo de comparación formado por personas que iban a disfrutar de unas vacaciones sin peregrinación.

La muestra inicial estuvo formada por 444 peregrinos y 124 participantes en el grupo de vacaciones.

Los investigadores analizaron variables relacionadas con ansiedad y depresión, estrés percibido, afecto positivo y negativo, satisfacción con la vida, felicidad subjetiva, atención plena, desapego y lo que denominaron valued living: hasta qué punto una persona identifica aquello que considera importante y vive de acuerdo con esos valores.

Tras realizar el Camino, los peregrinos mostraron mejoras en numerosas variables.

Y cuando se comparó su evolución con la del grupo de vacaciones aparecieron diferencias especialmente interesantes: los peregrinos experimentaron una reducción mayor de ansiedad y depresión y del estrés percibido, además de mayores mejoras en afecto positivo, satisfacción con la vida y vida orientada a valores.

Los efectos observados al comparar ambos grupos fueron pequeños, algo que los propios autores señalan.

Eso coloca los resultados en su justa medida. El estudio no demuestra que diez días caminando transformen radicalmente la salud mental de una persona. Lo que muestra es algo menos espectacular, pero bastante más creíble: hacer el Camino se asoció con mejoras psicológicas medibles y, en determinados aspectos, superiores a las experimentadas durante unas vacaciones normales.

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¿Dura el efecto después de volver a casa?

Sentirse especialmente bien al entrar en la Plaza del Obradoiro después de varios días caminando no resulta demasiado sorprendente.

La pregunta interesante es qué queda de todo aquello cuando desaparecen la mochila, las flechas amarillas y las conversaciones de albergue y vuelven el tráfico, el correo electrónico, el trabajo y las obligaciones habituales.

El Proyecto Ultreya volvió a evaluar a los peregrinos tres meses después de terminar el Camino.

De los participantes iniciales, 245 completaron las tres evaluaciones.

En ese grupo, la mayoría de las mejoras psicológicas continuaban siendo detectables tres meses después. Se mantenían cambios relacionados con estrés, ansiedad y depresión, satisfacción vital, felicidad subjetiva, atención plena y vida orientada a valores, entre otras variables.

Hubo una excepción interesante: el aumento del afecto positivo observado inmediatamente después de terminar el Camino ya no resultaba significativo tres meses más tarde.

No parece extraño. La alegría intensa de terminar una peregrinación puede desaparecer cuando volvemos a nuestra rutina. Otras cosas —haber reconsiderado prioridades, comprobar que somos capaces de afrontar dificultades o mirar algunos problemas desde otra distancia— pueden permanecer más tiempo.

Hay, sin embargo, una limitación importante: el grupo de vacaciones no fue evaluado tres meses después. Por eso no podemos afirmar que esa persistencia sea exclusiva de la experiencia jacobea.

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Una de las claves puede estar en saber qué importa de verdad

Entre todos los resultados del Proyecto Ultreya hay uno especialmente llamativo.

Los investigadores encontraron un papel relevante de lo que denominan valued living. Podemos traducirlo de una forma bastante sencilla: tener más claro qué cosas son importantes para uno y actuar de una manera coherente con ellas.

El análisis estadístico indica que la mejora en esta variable podría explicar parte de los cambios posteriores observados en estrés, satisfacción con la vida, felicidad y afecto positivo.

Y aquí la investigación empieza a parecerse bastante a algo que cuentan muchos peregrinos.

Durante varios días desaparece buena parte del ruido cotidiano. La vida se vuelve bastante elemental: dormir, levantarse, caminar, comer, descansar y decidir dónde terminar la jornada.

No hay que resolver veinte problemas a la vez.

Hay que llegar al pueblo siguiente.

Esa reducción temporal de la complejidad puede dejar espacio para pensar en otras cosas. O, paradójicamente, para dejar de pensar durante un rato.

En la muestra del Proyecto Ultreya, el 71 % de los peregrinos señaló el crecimiento personal entre sus motivaciones para hacer el Camino. El 41 % quería desconectar de obligaciones, un 34 % mencionó la espiritualidad, un 33 % buscaba aclarar sus valores personales y un 22 % estaba intentando superar alguna circunstancia personal difícil.

Muchos peregrinos, por tanto, ya llegaban al Camino buscando algo más que unas vacaciones andando.

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Por qué caminar durante días puede sentar bien a la cabeza

El estudio Ultreya permite observar qué cambió en los peregrinos, pero no demuestra que exista una única causa responsable de esos cambios.

Probablemente tampoco exista.

El Camino reúne durante días varios factores que, por separado, ya se relacionan con el bienestar: actividad física continuada, contacto con entornos naturales, ruptura de rutinas, relaciones sociales, objetivos diarios concretos, menos decisiones y largos periodos disponibles para pensar o simplemente caminar.

Infografía sobre los beneficios psicológicos del Camino de Santiago según el Proyecto Ultreya
Principales cambios psicológicos observados en el Proyecto Ultreya y algunos factores que pueden ayudar a explicarlos. Fuente principal: Feliu-Soler et al. (2024), Journal of Happiness Studies.

Caminar es actividad física, y eso importa

Una etapa normal del Camino supone varias horas de ejercicio moderado. Repetida durante varios días, esa caminata convierte al peregrino en una persona mucho más activa de lo habitual.

La Organización Mundial de la Salud reconoce que la actividad física regular aporta beneficios físicos y mentales y puede contribuir a reducir síntomas de depresión y ansiedad.

La evidencia tampoco procede únicamente del Camino. Una amplia revisión publicada en The BMJ en 2024, que reunió 218 estudios y más de 14.000 participantes con depresión, encontró beneficios asociados a distintas formas de ejercicio, entre ellas caminar o correr.

Eso no significa que cada etapa funcione como una sesión de terapia. Sí ayuda a entender por qué el componente físico probablemente participa en el efecto psicológico de una peregrinación.

La naturaleza puede ayudar a dejar de darle vueltas a lo mismo

Aquí aparece un concepto psicológico que quizá no resulte familiar: rumiación mental.

Rumiar significa quedarse atrapado dando vueltas una y otra vez a los mismos pensamientos negativos: recordar lo que ocurrió, imaginar lo que podría pasar, preguntarse por qué hicimos aquello o repasar continuamente un problema sin llegar realmente a resolverlo.

Es ese momento en el que la cabeza vuelve por décima vez al mismo asunto aunque ya sepamos que seguir pensándolo no nos está llevando a ninguna parte.

La rumiación frecuente se relaciona con problemas como la depresión y la ansiedad.

Un conocido estudio experimental dirigido por Gregory Bratman, de la Universidad de Stanford, comparó a personas que caminaron durante 90 minutos por un entorno natural con otras que realizaron una caminata equivalente en un entorno urbano.

Quienes habían caminado por la naturaleza mostraron una reducción de la rumiación autoinformada y cambios en la actividad de una región cerebral relacionada con este tipo de pensamiento repetitivo.

El estudio no se realizó con peregrinos y no sería correcto convertirlo en la afirmación de que “hacer el Camino elimina la rumiación”.

Pero ofrece una pista interesante.

En muchas etapas del Camino se pasan horas atravesando bosques, montes, campos de cultivo, riberas, mesetas o caminos rurales. La combinación de movimiento, paisaje y atención a lo que tenemos delante puede ayudar a interrumpir durante un tiempo esa conversación circular que mantenemos con nosotros mismos.

Durante algunos kilómetros, la gran cuestión deja de ser aquel problema pendiente.

Es simplemente dónde está la siguiente flecha amarilla y dónde vamos a apoyar el pie.

Durante unos días hay muchas menos decisiones

La vida cotidiana exige una cantidad sorprendente de decisiones.

Trabajo, llamadas, citas, compras, correos, pagos, noticias, familia, mensajes, desplazamientos, tareas domésticas y decenas de pequeñas elecciones que compiten permanentemente por nuestra atención.

En el Camino la existencia se simplifica de una manera casi radical.

Hay que levantarse.

Hay que caminar.

Hay que comer.

Hay que encontrar dónde dormir.

Y al día siguiente vuelve a empezar.

No significa que desaparezcan las decisiones. Habrá que escoger alojamiento, calcular una etapa o decidir qué hacer si aparece una ampolla. Pero el número de asuntos que reclaman atención suele ser mucho menor.

La jornada tiene además una dirección física evidente: hacia delante.

Ese marco sencillo puede resultar especialmente liberador para quien llega al Camino después de semanas o meses viviendo con demasiadas cosas en la cabeza.

No tenemos todavía evidencia que permita medir cuánto de la mejoría observada en los peregrinos procede de esta simplificación. Pero encaja bien con dos resultados del estudio Ultreya: la mejora en atención plena y, especialmente, la mayor claridad respecto a los propios valores.

Pequeños objetivos que recuerdan que somos capaces

El Camino convierte un proyecto grande —llegar a Santiago— en una sucesión de problemas mucho más pequeños.

Subir ese puerto.

Caminar los diez kilómetros que quedan.

Superar un día de lluvia.

Resolver una ampolla.

Llegar al siguiente albergue.

Descansar y volver a empezar.

En psicología existe otro concepto útil para entender esto: la autoeficacia. Dicho sin jerga, es la confianza que una persona tiene en su propia capacidad para afrontar una tarea y conseguir sacarla adelante.

La investigación sobre actividad física ha relacionado esta percepción de competencia con la conducta y el bienestar psicológico.

El Proyecto Ultreya no midió específicamente que superar etapas aumentase la autoeficacia de los peregrinos, por lo que no podemos presentarlo como uno de sus resultados.

Pero resulta una explicación plausible de algo que muchos caminantes reconocen fácilmente: hacer durante varios días cosas que parecían difíciles modifica la percepción de lo que uno cree que puede hacer.

Una etapa complicada quizá no resuelva ninguno de los problemas que esperan en casa. Pero haberla terminado puede cambiar ligeramente la forma de enfrentarse a ellos.

Estar solo sin estar necesariamente aislado

El Camino permite una combinación difícil de encontrar en la vida diaria: pasar tiempo a solas y relacionarse con otras personas casi cuando uno quiere.

Se puede caminar dos horas sin decir una palabra y terminar poco después compartiendo mesa con personas que esa misma mañana eran desconocidas.

En el Proyecto Ultreya, un 38 % de los participantes hizo el Camino solo. Otros caminaron con pareja, amigos o familiares.

El estudio no demuestra que hacerlo solo sea psicológicamente mejor o peor.

Lo que sí sabemos de forma más general es que la conexión social tiene una relación importante con la salud y el bienestar.

Y el Camino genera encuentros continuamente: caminando, esperando una lavadora, en una fuente, durante la cena o en la vida compartida de los albergues.

Hay peregrinos para quienes ese componente humano termina siendo tan importante como la ruta.

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No hace falta ser creyente para experimentar estos efectos

El Camino nació y continúa siendo una peregrinación cristiana hacia la tumba del apóstol Santiago. Esa dimensión religiosa forma parte inseparable de su historia.

Pero las motivaciones de los peregrinos actuales son muy diversas.

En el Proyecto Ultreya, un 14 % declaró motivaciones religiosas y un 34 % señaló la espiritualidad. El crecimiento personal apareció en un 71 %, el ocio en un 46 %, el interés cultural en un 42 %, la salud física en un 41 % y la desconexión de obligaciones también en un 41 %.

Los resultados del estudio, por tanto, no pueden atribuirse únicamente a una experiencia religiosa.

Para quien tiene fe, las iglesias, monasterios, celebraciones y la llegada a la Catedral pueden añadir una dimensión esencial al Camino.

Para otra persona, ese espacio de significado puede aparecer caminando en silencio, compartiendo una conversación inesperada o descubriendo que necesita bastante menos de lo que pensaba para vivir durante unos días.

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El Camino tampoco es siempre agradable

Conviene desmontar otra idealización.

El Camino puede ser magnífico y tener días bastante malos.

Hay cansancio, dolor, calor, lluvia, noches en las que apenas se duerme, rozaduras, discusiones, problemas de alojamiento, etapas mal calculadas y momentos en los que uno se pregunta seriamente qué necesidad tenía de estar allí.

También puede aparecer estrés.

Especialmente cuando convertimos la peregrinación en una agenda cerrada: treinta kilómetros porque “tocan”, una reserva que obliga a llegar, un horario imposible o la sensación de que descansar equivale a fallar.

Una persona puede regresar convencida de que el Camino ha cambiado su forma de ver determinadas cosas.

Otra puede haber disfrutado simplemente de unas vacaciones activas.

Y alguien puede terminar agotado y con muchas ganas de volver a casa.

Todo ello entra dentro de la experiencia posible.

Los estudios describen tendencias medias de grupos. No pueden prometer qué va a sentir una persona concreta.

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Lo que el estudio Ultreya todavía no puede demostrar

Esta parte es especialmente importante cuando hablamos de salud.

El Proyecto Ultreya fue un estudio prospectivo y cuasiexperimental, no un ensayo aleatorizado.

Los investigadores no decidieron al azar quién hacía el Camino y quién se iba de vacaciones. Cada participante había elegido previamente su experiencia.

Eso significa que ambos grupos presentaban diferencias desde el comienzo.

Los peregrinos mostraban, por ejemplo, algo más de ansiedad, depresión y estrés iniciales y menor satisfacción vital que las personas que iban de vacaciones. También tenían motivaciones diferentes: muchos buscaban crecimiento personal o atravesaban procesos de cambio.

Los investigadores realizaron ajustes estadísticos para reducir el efecto de esas diferencias, pero no es posible eliminar todos los factores de confusión.

Por eso podemos afirmar que hacer el Camino se asoció con determinadas mejoras psicológicas, pero no que la peregrinación fuese necesariamente la causa única de todas ellas.

Los propios autores reclaman nuevas investigaciones con diseños más robustos y con poblaciones diferentes.

Esa prudencia no resta interés al estudio. Hace que sepamos exactamente qué puede decirse y qué no.

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¿Cuántos días hay que caminar para notar algo?

No existe una cifra científica que permita afirmar que el “efecto Camino” aparece al cuarto, séptimo o décimo día.

El estudio Ultreya incluyó peregrinaciones de al menos cuatro días. Entre las personas que completaron todo el seguimiento, la duración media fue de aproximadamente 10,6 días.

Eso indica que no es necesario caminar durante un mes para que puedan observarse cambios psicológicos.

Pero tampoco demuestra que cuatro días sean suficientes para todo el mundo ni que veinte produzcan el doble de beneficio que diez.

Una semana desde Sarria, diez días por el Camino Portugués o varias semanas recorriendo el Camino Francés son experiencias distintas.

Más que perseguir una supuesta dosis terapéutica de kilómetros, tiene sentido escoger una ruta y unas distancias diarias compatibles con nuestra preparación física.

Un Camino organizado como una carrera contra el reloj puede acabar generando precisamente el estrés del que pretendíamos alejarnos.

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Cómo favorecer una buena experiencia psicológica en el Camino

No existe una receta para regresar de Santiago convertido en otra persona.

Sí podemos evitar algunas cosas que dificultan disfrutar de los elementos que hacen particular esta experiencia.

Deja algo de margen en las etapas. Caminar permanentemente pendiente del reloj o de alcanzar una reserva demasiado lejana convierte con facilidad la jornada en una obligación.

No llenes todos los silencios. El móvil, la música y los podcasts pueden acompañar, pero caminar algunos tramos sin estímulos deja espacio para prestar atención al paisaje, al cuerpo o simplemente a nada concreto.

No tengas miedo de caminar solo durante un rato. Ir acompañado no obliga a mantener una conversación continua. A veces unos kilómetros en silencio son una de las mejores partes de una etapa.

Tampoco te cierres a la gente. Algunas de las conversaciones más recordadas del Camino empiezan con una pregunta tan simple como “¿de dónde vienes?”.

No conviertas Santiago en un examen. Acortar una etapa, descansar, cambiar de plan o incluso abandonar temporalmente si existe un problema serio no invalida lo que ya has recorrido.

Observa qué cosas del Camino te gustaría llevarte a casa. Quizá no sea posible conservar la sensación de estar caminando por Galicia un martes por la mañana. Pero sí puede ser posible dormir algo más, caminar con frecuencia, reducir ciertas distracciones o reservar tiempo para algunas personas.

Nuestra sección de consejos para hacer el Camino de Santiago reúne la parte práctica necesaria para preparar etapas, equipamiento y ritmo con algo más de margen.

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El Camino puede ayudar, pero no sustituye un tratamiento

El propio estudio Ultreya plantea el Camino como una posible experiencia complementaria para favorecer bienestar y reducir malestar psicológico.

Complementaria es la palabra importante.

Una depresión clínica, un trastorno de ansiedad u otros problemas de salud mental pueden requerir valoración profesional, psicoterapia, medicación o seguimiento continuado.

No debe suspenderse ni modificarse una medicación prescrita ni abandonarse un tratamiento porque se vaya a hacer el Camino.

Si existe una enfermedad diagnosticada o una situación psicológica delicada, conviene comentar previamente la peregrinación con los profesionales que llevan el caso y organizar también la continuidad de la atención durante el viaje.

El Camino puede ofrecer movimiento, naturaleza, relaciones humanas, silencio y perspectiva.

No puede prometer una curación.

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Entonces, ¿hace bien el Camino a la cabeza?

La investigación disponible permite responder hoy con más fundamento que hace unos años.

En el Proyecto Ultreya, hacer el Camino de Santiago se asoció con menores niveles de ansiedad y depresión, menos estrés percibido y mayor satisfacción con la vida, entre otros cambios.

En varias de esas variables, la evolución fue mejor que la observada entre personas que habían disfrutado de vacaciones convencionales.

Buena parte de las mejoras registradas entre los peregrinos seguía siendo detectable tres meses después.

Y quizá uno de los hallazgos más sugerentes sea otro: después del Camino, los participantes parecían vivir de una forma algo más alineada con aquello que consideraban importante.

El Camino no arregla automáticamente los problemas que esperan en casa.

Pero durante unos días cambia radicalmente el escenario.

Se camina durante horas. Se toman menos decisiones. Se resuelven dificultades concretas. Se conoce gente. Se pasa tiempo a solas. Se contempla paisaje. Se llega cansado. Se duerme. Y al día siguiente vuelve a colocarse un pie delante del otro.

Quizá por eso alguien puede regresar siendo exactamente la misma persona y, sin embargo, mirar algunas cosas desde un lugar ligeramente distinto.

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FAQs – Preguntas frecuentes sobre los beneficios psicológicos del Camino

¿Está demostrado que el Camino reduce la ansiedad?

El estudio Ultreya encontró una reducción de los síntomas de ansiedad y depresión y del estrés percibido después del Camino. En esas variables, la mejoría fue mayor que entre quienes habían disfrutado de unas vacaciones convencionales. Aun así, fue un estudio cuasiexperimental y no aleatorizado: aporta evidencia relevante de asociación, pero no demuestra que el Camino sea por sí solo la causa de todos esos cambios.

¿Qué beneficios psicológicos aparecen con más claridad?

Los peregrinos estudiados mejoraron en ansiedad y depresión, estrés percibido, satisfacción con la vida, felicidad subjetiva, atención plena y otras variables. Frente al grupo de vacaciones, las diferencias más claras aparecieron en ansiedad y depresión, estrés, afecto positivo, satisfacción vital y vida orientada a valores: tener más claro qué importa y actuar de una forma coherente con ello.

¿El Camino beneficia más que unas vacaciones?

En algunas variables, los peregrinos mejoraron más. Ocurrió con ansiedad y depresión, estrés percibido, afecto positivo, satisfacción con la vida y vida orientada a valores. Las diferencias entre ambos grupos fueron pequeñas y los participantes no partían exactamente de la misma situación, por lo que no puede afirmarse que cualquier Camino sea psicológicamente mejor que cualquier otro tipo de vacaciones.

¿Cuántos días hacen falta para notar cambios?

No existe un número mágico. El estudio Ultreya incluyó peregrinaciones de al menos cuatro días y quienes completaron todo el seguimiento caminaron una media aproximada de 10,6 días. Eso demuestra que pueden aparecer cambios después de peregrinaciones relativamente cortas, pero no permite establecer una duración mínima ni afirmar que más días produzcan necesariamente mayores beneficios.

¿Cuantos más kilómetros, mayores son los beneficios?

No se ha demostrado. La investigación no encontró una fórmula del tipo «más kilómetros, más bienestar». Caminar durante más tiempo puede proporcionar una experiencia más prolongada, pero también aumenta el cansancio y la exigencia física. Convertir la distancia en una competición puede añadir presión innecesaria y acabar siendo contraproducente para quien precisamente busca desconectar o reducir el estrés.

¿Los efectos permanecen al volver a casa?

En buena medida, sí. Entre los peregrinos que completaron el seguimiento, muchas de las mejoras seguían siendo detectables tres meses después: estrés, ansiedad y depresión, satisfacción con la vida, felicidad subjetiva, atención plena y vida orientada a valores, entre otras. El aumento inicial del afecto positivo fue una excepción. El grupo de vacaciones no tuvo seguimiento a tres meses, lo que impide comparar ambos grupos a medio plazo.

¿Qué es exactamente la rumiación mental?

Es quedarse dando vueltas repetidamente a pensamientos negativos sin avanzar hacia una solución: recordar una conversación, imaginar una y otra vez lo que puede salir mal o preguntarse continuamente por qué ocurrió algo. Estudios realizados fuera del Camino han observado que caminar por entornos naturales puede reducir este tipo de pensamiento. No demuestra que el Camino lo haga necesariamente, pero ayuda a entender por qué varias horas caminando pueden despejar temporalmente la cabeza.

¿Por qué son importantes los valores personales?

Es uno de los resultados más interesantes del Proyecto Ultreya. La mejora en valued living —reconocer lo que uno considera importante y vivir de acuerdo con ello— explicó estadísticamente parte de los cambios observados en bienestar y malestar psicológico. El Camino puede proporcionar tiempo para reconsiderar prioridades, aunque el estudio no permite afirmar que cada peregrino regrese con sus decisiones resueltas.

¿Puede el Camino aumentar la confianza en uno mismo?

Es posible que superar etapas y resolver dificultades refuerce la percepción de que somos capaces de afrontar determinados retos, lo que en psicología se denomina autoeficacia. Existe investigación general que relaciona esta percepción de competencia con la actividad física, pero el estudio Ultreya no midió directamente este mecanismo. Por eso resulta una explicación plausible de algunas experiencias peregrinas, no un beneficio específicamente demostrado por ese estudio.

¿Es psicológicamente mejor caminar solo?

No hay evidencia para afirmarlo. Un 38 % de los participantes del estudio hizo el Camino solo y los demás caminaron con pareja, amigos o familiares. Caminar solo ofrece más momentos de introspección, mientras que hacerlo acompañado aporta convivencia y apoyo. Además, incluso quien comienza en solitario encuentra numerosas ocasiones para relacionarse con otras personas durante las etapas y en los albergues.

¿Hay una ruta mejor para el bienestar?

No se conoce. Casi la mitad de los participantes del Proyecto Ultreya había realizado el Camino Francés y alrededor de un 27 % el Camino del Norte, pero el estudio no comparó qué ruta producía mayores beneficios psicológicos. No existe evidencia de un «Camino más terapéutico». Es preferible escoger una ruta adecuada a nuestro tiempo, preparación física y forma de viajar.

¿Hace falta ser religioso para beneficiarse?

No. Solo un 14 % de los participantes del Proyecto Ultreya señaló motivos religiosos, mientras que el crecimiento personal apareció en un 71 %, la desconexión de obligaciones en un 41 % y la clarificación de valores en un 33 %. La dimensión religiosa puede ser fundamental para algunos peregrinos, pero los cambios psicológicos se observaron en una muestra con motivaciones muy diversas.

¿Puede ayudar durante una ruptura o un duelo?

El Camino puede proporcionar tiempo, movimiento, distancia respecto a la rutina y espacios de reflexión, pero el estudio Ultreya no investigó específicamente separaciones o procesos de duelo. Un 22 % de sus participantes afirmó que realizaba el Camino para superar una circunstancia personal difícil. Es un dato interesante, aunque no demuestra que peregrinar sea un tratamiento para ese tipo de procesos.

¿Puede el propio Camino generar estrés?

Sí. Cansancio, dolor, mal tiempo, falta de sueño, preocupación por encontrar alojamiento o una planificación demasiado exigente pueden generar estrés. Los estudios describen resultados medios y no garantizan que todos los peregrinos se sientan mejor en cada momento. Adaptar una etapa, descansar o cambiar el plan cuando la situación lo exige forma parte de gestionar bien el Camino.

¿Hay que desconectar completamente del móvil?

No existe evidencia que obligue a hacerlo y el Proyecto Ultreya no estudió específicamente el uso del teléfono. Además, el móvil resulta útil para mapas, reservas, transporte o emergencias. Otra cuestión es ocupar con la pantalla todos los momentos libres. Reducir algunas distracciones puede facilitar silencio y atención al entorno, pero una desconexión digital absoluta no es requisito para obtener beneficios psicológicos.

¿Los beneficios vienen simplemente de caminar?

No podemos separarlo con precisión. La actividad física tiene beneficios conocidos sobre la salud mental, pero el Camino combina ejercicio, naturaleza, ruptura de rutinas, objetivos diarios, relaciones sociales, introspección y una experiencia cargada de significado. El estudio Ultreya permite comparar peregrinos con veraneantes, pero no calcular qué porcentaje de la mejoría corresponde exactamente a cada uno de esos elementos.

¿Qué cambia psicológicamente después del Camino?

No existe un cambio único ni ocurre igual en todas las personas. En el Proyecto Ultreya se observaron, en promedio, menos ansiedad, depresión y estrés percibido y mejoras en satisfacción vital, atención plena y vida orientada a valores. Una de las cuestiones más interesantes es esta última: algunos peregrinos parecen regresar con mayor claridad sobre qué consideran importante, aunque el estudio no permite decir que el Camino transforme necesariamente la vida de quien lo hace.

¿Por qué algunos dicen que el Camino cambia la vida?

«Cambiar la vida» es una valoración personal, no una variable científica. Sin embargo, la experiencia reúne elementos que ayudan a comprender esa sensación: ruptura prolongada de la rutina, esfuerzo físico, tiempo de reflexión, convivencia, objetivos diarios y una vida temporalmente más sencilla. El Proyecto Ultreya añade una pista relevante: después del Camino aumentó la tendencia a vivir de acuerdo con los propios valores, relacionada con varias mejoras de bienestar.

¿El Camino puede sustituir a la psicoterapia?

No. El estudio Ultreya plantea la peregrinación como una posible experiencia complementaria para favorecer bienestar y reducir malestar psicológico, no como sustituto de un tratamiento. Una depresión clínica, un trastorno de ansiedad u otro problema de salud mental puede requerir psicoterapia, medicación o seguimiento profesional. Disfrutar del Camino y necesitar atención psicológica son perfectamente compatibles.

¿Debo cambiar mi medicación para hacer el Camino?

No debes modificar, reducir ni suspender por tu cuenta una medicación prescrita para hacer el Camino. Si sigues tratamiento por un problema de salud mental, conviene comentar previamente el viaje con el profesional que lleva tu caso, especialmente si vas a estar varias semanas fuera. También es recomendable llevar medicación suficiente y prever cómo mantener la atención sanitaria durante la ruta si fuese necesario.

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Fuentes y estudios consultados

Al tratarse de un contenido relacionado con salud y bienestar psicológico, estas son las principales fuentes científicas e institucionales utilizadas para preparar y verificar el artículo:

  • Feliu-Soler, A., Royuela-Colomer, E., Navarrete, J. et al. (2024). Assessing the Impact of the Way of Saint James on Psychological Distress and Subjective Well-being: The Ultreya Study. Journal of Happiness Studies, 25, 105. Investigación con 444 peregrinos y 124 participantes que realizaron vacaciones convencionales. Consultar el estudio en Springer Nature.
  • Universidad de Zaragoza. Registro institucional y versión académica del Proyecto Ultreya. Consultar en el repositorio Zaguán.
  • Organización Mundial de la Salud. Información científica e institucional sobre actividad física y sus efectos sobre la salud física y mental. Consultar en la OMS.
  • Noetel, M. et al. (2024). Effect of exercise for depression: systematic review and network meta-analysis of randomised controlled trials. The BMJ, 384:e075847. Revisión de 218 estudios y más de 14.000 participantes sobre ejercicio y depresión. Consultar en The BMJ.
  • Bratman, G. N., Hamilton, J. P., Hahn, K. S., Daily, G. C. & Gross, J. J. (2015). Nature experience reduces rumination and subgenual prefrontal cortex activation. Proceedings of the National Academy of Sciences, 112(28), 8567–8572. Estudio experimental sobre caminata en naturaleza y rumiación mental. Consultar en PubMed.
  • Ashford, S., Edmunds, J. & French, D. P. (2010). What is the best way to change self-efficacy to promote lifestyle and recreational physical activity? A systematic review with meta-analysis. British Journal of Health Psychology. Revisión sobre actividad física y percepción de autoeficacia. Consultar en PubMed.
  • Organización Mundial de la Salud. Evidencia y recursos sobre conexión social, aislamiento, salud y bienestar. Consultar en la OMS.

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