Templo del Kumano Kodo entre montañas y junto a una cascada en Japón

Kumano Kodo después del Camino de Santiago: lo que cambia de verdad

Hay peregrinos que llegan a Santiago, abrazan al Apóstol, se sientan un rato en el Obradoiro y sienten que aquello ha terminado.

Y hay otros que, unas semanas o unos años después, empiezan a preguntarse dónde podrían volver a encontrar algo parecido.

Ahí suele aparecer Kumano Kodo.

El nombre invita inevitablemente a compararlo con el Camino de Santiago. Ambos tienen siglos de peregrinación a sus espaldas, ambos están ligados a lugares sagrados y ambos cuentan con reconocimiento de la UNESCO. Pero quien viaje a Japón esperando encontrar un Camino de Santiago entre cedros, templos y pagodas probablemente se lleve una sorpresa.

Kumano Kodo no es el Camino japonés.

Y precisamente por eso merece la pena.

Si ya has caminado hasta Santiago, hay muchas cosas que te resultarán familiares: madrugar, cargar una mochila, seguir señales, coleccionar sellos, terminar el día cansado y descubrir que una distancia aparentemente modesta puede convertirse en una jornada memorable.

Pero casi todo lo demás cambia.

Lo primero que cambia es el silencio

El Camino de Santiago tiene una dimensión social difícil de reproducir en otras peregrinaciones.

Puedes empezar solo y terminar cenando con cinco personas que conociste esa misma mañana. Puedes coincidir durante días con el mismo peregrino, perderlo durante dos etapas y volver a encontrártelo en una terraza. Los albergues, los bares y las poblaciones crean una especie de comunidad ambulante.

En Kumano Kodo esa sensación existe mucho menos.

Hay otros caminantes, por supuesto, pero la densidad es menor y buena parte de la experiencia transcurre en bosques, laderas y pequeñas poblaciones donde el paisaje pesa más que la conversación.

El resultado puede ser una peregrinación bastante más introspectiva.

No mejor.

No peor.

Simplemente distinta.

Y para alguien que ya conoce el Camino, probablemente esa sea una de las primeras cosas que sorprendan.

Infografía comparativa entre el Camino de Santiago y el Kumano Kodo
Camino de Santiago y Kumano Kodo: principales diferencias para quienes se plantean recorrer ambas peregrinaciones.
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Los kilómetros engañan mucho más de lo que parece

Este es probablemente el aviso más útil para un peregrino acostumbrado al Camino.

Ves una etapa de 13 kilómetros y piensas:

«Eso está hecho antes de comer».

No necesariamente.

En Kumano Kodo hay desnivel, raíces, escalones de piedra, terreno húmedo y largas secciones forestales donde el ritmo puede ser muy distinto al de una pista castellana o una carretera secundaria gallega.

Una jornada de 12 o 15 kilómetros puede exigir muchas horas.

Por eso no conviene planificar Kumano únicamente por kilómetros. Mira también desnivel, perfil, tiempo estimado y características del terreno.

Si vienes del Camino Francés, donde una etapa de 20 o 25 kilómetros puede ser perfectamente asumible, tendrás que reajustar referencias.

En Kumano, menos kilómetros no significa necesariamente menos jornada.

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Nakahechi: la puerta de entrada más lógica para empezar

Kumano Kodo no es una única ruta, sino una red de antiguos caminos que atraviesan la península de Kii.

Para una primera experiencia, la ruta Nakahechi suele ser la opción más sencilla de comprender y organizar.

Fue utilizada durante siglos por peregrinos que se dirigían hacia los grandes santuarios de Kumano y hoy concentra buena parte de la infraestructura destinada a caminantes internacionales.

Uno de sus accesos tradicionales es Takijiri-oji, considerado una de las entradas a las montañas sagradas.

Desde allí comienza una sucesión de bosques, pequeños núcleos, santuarios secundarios y tramos de montaña que llevan hacia Kumano Hongu Taisha, uno de los tres grandes santuarios de Kumano.

Para quien busca una primera aproximación de varios días, este corredor permite conocer buena parte de la esencia del Kumano Kodo sin enfrentarse necesariamente a las rutas más exigentes de la red.

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Aquí sí merece la pena reservar alojamiento

Este es otro cambio importante respecto a buena parte del Camino de Santiago.

En muchos tramos del Camino puedes decidir a media mañana dónde vas a terminar la etapa. Si una población está llena, quizá haya otra cinco kilómetros después. Y si un albergue no tiene cama, probablemente exista una pensión, otro albergue o algún alojamiento alternativo.

En Kumano no conviene confiar demasiado en esa estrategia.

Muchas poblaciones tienen poca capacidad y algunos alojamientos disponen únicamente de unas cuantas habitaciones.

Además, la estancia suele estar vinculada a la comida.

Muchos ryokan, minshuku y pequeños alojamientos familiares preparan la cena y el desayuno específicamente para los huéspedes que tienen reservados.

Llegar improvisadamente a última hora puede significar no solo no encontrar habitación, sino quedarse sin una alternativa razonable en varios kilómetros.

Para quien disfruta de la libertad absoluta del Camino, esto requiere un pequeño cambio de mentalidad:

en Kumano merece la pena dejar cerradas las noches importantes antes de empezar a caminar.

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No busques albergues: descubre otra forma de hospitalidad

El albergue de peregrinos que conocemos en España prácticamente no existe como concepto equivalente.

Eso significa despedirse del dormitorio de veinte literas, la mochila abierta encima de la cama y el peregrino que empieza a rebuscar dentro de una bolsa de plástico a las cinco y media de la mañana.

A cambio aparecen otras formas de alojamiento.

Los minshuku son pequeños establecimientos familiares. Los ryokan representan una forma tradicional de hospedaje japonés. También existen pequeñas pensiones, hoteles y alojamientos rurales.

En algunos dormirás en habitaciones con tatami y futón. En otros cenarás lo que haya preparado la familia que gestiona el establecimiento.

Y en determinadas zonas podrás terminar el día en un onsen.

Para alguien acostumbrado al albergue jacobeo, esa diferencia no es un inconveniente.

Es parte del viaje.

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El onsen puede convertirse en el mejor final de etapa

Después de varias horas caminando por terreno húmedo y con desnivel, meterse en agua termal caliente empieza a parecer una de las grandes ideas de la humanidad.

Los onsen forman parte de la cultura japonesa y en la región de Kumano existen localidades históricamente relacionadas con las aguas termales.

Eso sí, tienen normas propias.

Habitualmente se entra desnudo, las zonas están separadas por sexos y hay que lavarse cuidadosamente antes de acceder al agua común.

No se entra en el baño para asearse.

Se entra limpio.

También conviene consultar previamente la política sobre tatuajes, porque algunos establecimientos mantienen restricciones.

Una vez superada la primera incertidumbre cultural, pocos peregrinos necesitan demasiadas explicaciones para entender el atractivo de un onsen después de una etapa.

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La comida requiere más previsión que en el Camino

Una de las costumbres más peligrosas que puede llevar un peregrino desde España es pensar:

«Ya aparecerá algún bar».

Puede que no aparezca.

Hay tramos rurales donde los servicios intermedios son escasos. No conviene asumir que encontrarás una cafetería, una tienda o una máquina justo cuando tengas hambre.

Por eso es importante comprobar qué encontrarás durante la etapa y salir con agua y comida suficientes.

Muchos alojamientos preparan además bento o almuerzos para llevar si se solicitan previamente.

Puede parecer un detalle secundario cuando organizas el viaje desde casa.

Deja de parecerlo cuando llevas cuatro horas caminando por bosque y descubres que la siguiente tienda está bastante más lejos de lo que imaginabas.

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La mochila no tiene por qué acompañarte siempre

Quien llega desde el Camino suele asumir que peregrinar significa cargar con todo.

En Kumano existen servicios de transporte de equipaje entre determinados alojamientos y puntos del recorrido.

Eso permite caminar durante el día con una mochila pequeña y encontrar la maleta o el equipaje principal al llegar.

Puede ser especialmente útil porque muchos viajeros no van a Japón exclusivamente para hacer Kumano Kodo.

Quizá hayan pasado antes por Tokio o Kioto y continúen después hacia Osaka, Hiroshima u otras zonas del país.

Cargar durante tres o cuatro días de montaña con una maleta preparada para dos semanas de viaje carece de demasiado sentido.

Utilizar un servicio de transporte no convierte la peregrinación en menos auténtica.

Solo evita transportar cosas que no necesitas mientras caminas.

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Autobuses y trenes no son enemigos de la peregrinación

El transporte público desempeña un papel bastante interesante en Kumano.

Algunos recorridos permiten combinar etapas con autobuses para llegar al inicio de la caminata, regresar al alojamiento o adaptar una jornada a las condiciones meteorológicas o físicas.

Esto requiere dejar atrás otra idea que a veces arrastramos desde el Camino: pensar que cualquier transporte significa haber «fallado».

No.

Una cosa es caminar la ruta que te has propuesto y otra convertir unas vacaciones en una prueba de resistencia absurda.

Eso sí, si quieres obtener posteriormente el reconocimiento como Peregrino Dual, tendrás que completar caminando uno de los recorridos admitidos oficialmente en Kumano Kodo.

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Peregrino Dual: cuando los dos caminos se encuentran

El vínculo entre Santiago y Kumano tiene una expresión bastante bonita: el programa Dual Pilgrim.

Reconoce a quienes han completado una peregrinación válida en el Camino de Santiago y otra en Kumano Kodo.

No hace falta realizarlas durante el mismo año ni una inmediatamente después de la otra.

Eso permite que alguien que hizo el Camino hace tiempo pueda viajar posteriormente a Japón y completar la segunda mitad de esa peculiar peregrinación entre dos continentes.

Para Santiago existen diferentes requisitos admitidos, entre ellos haber recorrido al menos los últimos 100 kilómetros a pie. En Kumano también existen varias combinaciones válidas.

Una de las más conocidas es el recorrido entre Takijiri-oji y Kumano Hongu Taisha.

Quien tenga interés en conseguir el reconocimiento debería revisar las condiciones vigentes directamente en la página oficial antes de organizar las etapas.

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Sellos otra vez: una sensación curiosamente familiar

Hay algo especialmente divertido para quien ya ha hecho el Camino.

También en Kumano encontrarás lugares donde estampar sellos.

La mecánica resulta sorprendentemente familiar: llegar a determinados puntos, buscar el sello y añadirlo a la credencial.

Después de unos cuantos, reaparece ese pequeño comportamiento obsesivo que cualquier peregrino conoce:

«Espera, que aquí hay otro sello».

Es uno de esos detalles que hacen sentir que ambas peregrinaciones, pese a todas sus diferencias, hablan a veces el mismo idioma.

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¿Primavera u otoño? Probablemente sí

La época del año condiciona mucho más de lo que puede parecer desde España.

La península de Kii es una región húmeda y montañosa.

Primavera y otoño suelen ofrecer una combinación especialmente atractiva de temperaturas y paisaje.

El verano puede ser caluroso y muy húmedo, algo que aumenta considerablemente la sensación de esfuerzo.

La lluvia puede aparecer en distintas épocas del año y modifica completamente algunos senderos.

Raíces, piedras y escalones húmedos pueden convertirse en superficies bastante resbaladizas.

Por eso aquí merece la pena invertir menos tiempo discutiendo si llevar una camiseta más y más tiempo eligiendo un calzado con buen agarre y una protección impermeable decente.

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¿Botas o zapatillas para Kumano Kodo?

No existe una respuesta única.

Pero el terreno forestal, la humedad y los desniveles hacen especialmente importante que el calzado tenga buena adherencia.

Quien camina habitualmente con zapatillas de senderismo y está cómodo con ellas no necesita comprar unas botas únicamente para viajar a Japón.

Y quien prefiere mayor protección del tobillo puede sentirse más seguro con una bota ligera.

La regla importante es exactamente la misma que en el Camino:

no estrenes calzado en la primera etapa.

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¿Se puede hacer Kumano Kodo solo?

Sí.

Y para algunas personas puede ser precisamente una de las mejores maneras de recorrerlo.

Pero caminar solo en Kumano no es exactamente lo mismo que hacerlo en el Camino Francés.

Puede haber tramos con pocos peregrinos y servicios muy separados.

Por eso es especialmente importante:

  • conocer el recorrido de la jornada;
  • revisar la previsión meteorológica;
  • llevar agua y comida suficientes;
  • tener mapas disponibles sin conexión;
  • conocer posibles puntos de salida;
  • y avisar al alojamiento si prevés llegar mucho más tarde de lo esperado.

No se trata de dramatizar.

Se trata simplemente de asumir que el margen para improvisar es menor.

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¿Hace falta saber japonés?

No.

En las zonas más vinculadas al Kumano Kodo existe experiencia recibiendo viajeros internacionales y muchos establecimientos están acostumbrados a huéspedes extranjeros.

Eso no significa que todo el mundo hable inglés ni que todas las situaciones sean igual de sencillas.

Llevar las reservas descargadas, aprender algunas expresiones básicas y disponer de una aplicación de traducción puede ahorrar bastantes gestos creativos.

Y, como ocurre casi siempre cuando viajamos, intentar decir algunas palabras en japonés suele valer bastante más que pronunciarlas perfectamente.

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Planificar Kumano sin convertirlo en un proyecto de ingeniería

Kumano exige más organización que el Camino, pero tampoco hace falta convertir la preparación en una hoja de cálculo interminable.

Lo realmente importante es cerrar unas cuantas piezas:

  • qué ruta vas a recorrer;
  • cuántos días vas a caminar;
  • dónde vas a dormir;
  • qué etapas tienen comida o servicios intermedios;
  • cómo llegarás al comienzo de la ruta;
  • qué harás con el equipaje;
  • y cómo continuarás el viaje después.

La web oficial de turismo de Kumano reúne información muy útil sobre rutas, mapas, alojamientos, autobuses y servicios para caminantes.

También conviene consultar la página específica de Nakahechi si vas a empezar por la opción más habitual.

Y para comprender el valor histórico y espiritual del conjunto puedes acudir a la ficha de la UNESCO sobre los Sitios sagrados y rutas de peregrinación de los Montes Kii.

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Kumano Kodo no es el siguiente nivel del Camino

No hace falta haber recorrido 800 kilómetros hasta Santiago para disfrutar Kumano.

Tampoco hay que entenderlo como una especie de «Camino avanzado» para peregrinos veteranos.

Son experiencias distintas.

El Camino te lleva continuamente hacia otras personas.

Kumano puede llevarte durante horas hacia el bosque.

En el Camino es fácil improvisar.

En Kumano conviene anticiparse.

En uno terminarás muchas etapas delante de una cerveza con otros peregrinos.

En el otro puedes acabar sentado en silencio dentro de un baño termal después de cenar en una pequeña casa familiar.

Pero hay algo que ambos comparten.

Durante unos días, tu mundo vuelve a reducirse a cosas bastante sencillas:

dónde vas, cuánto falta, qué necesitas y si tus piernas quieren seguir caminando.

Quizá por eso alguien que ya conoce el Camino puede sentirse extrañamente cómodo a más de 10.000 kilómetros de Santiago.

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FAQs — Kumano Kodo para peregrinos del Camino

¿Me voy a sentir muy solo en Kumano Kodo?

Puede pasar, sobre todo si vienes de un Camino con mucho ambiente. Hay menos peregrinos, más tramos silenciosos y bastante más bosque. Para algunos eso resulta extraño al principio; para otros es justamente lo mejor del viaje. No significa aislamiento total, pero sí una experiencia bastante menos social que la del Camino Francés.

¿Voy a echar de menos el ambiente de los albergues?

Probablemente sí, si esa fue una de las partes que más disfrutaste del Camino. En Kumano hay menos convivencia improvisada y más alojamientos pequeños, familiares o tradicionales. A cambio, la hospitalidad es distinta: cenas preparadas por los anfitriones, habitaciones japonesas, onsen y una relación más íntima con el lugar donde terminas la etapa.

¿De verdad 12 kilómetros pueden hacerse duros?

Sí. En Kumano la distancia engaña mucho más que en buena parte del Camino. Subidas, bajadas, escalones, raíces, humedad y terreno forestal hacen que el ritmo sea más lento. Si vienes acostumbrado a etapas largas, tendrás que quitarte de la cabeza la idea de que menos kilómetros significa necesariamente un día fácil.

¿Se disfruta más si ya has hecho el Camino?

No es imprescindible haber hecho Santiago antes, pero sí cambia la forma de vivirlo. Reconoces ciertas rutinas —caminar, sellar, madrugar, llegar cansado— y al mismo tiempo percibes con más claridad todo lo que es diferente. Esa comparación constante puede enriquecer mucho la experiencia.

¿Kumano Kodo es más espiritual que el Camino?

No necesariamente; es distinto. En el Camino la espiritualidad convive con una experiencia muy social y abierta. En Kumano, el bosque, los santuarios y el silencio pueden hacer que la experiencia resulte más introspectiva. Depende mucho de lo que busque cada peregrino y de cómo viva el recorrido.

¿Me arrepentiré de haber reservado todo?

Puede darte menos libertad que en el Camino, pero en Kumano esa planificación suele evitar problemas. La oferta de alojamiento es más limitada y muchos establecimientos preparan cenas y desayunos para huéspedes previstos. La sensación de tener menos margen para improvisar existe, pero también permite caminar sin preocuparte cada tarde por dónde vas a dormir.

¿Y si un día no puedo con la etapa?

No tiene sentido convertir el viaje en una prueba de orgullo. El transporte público puede ayudarte a adaptar el recorrido, llegar a un inicio de etapa o recortar una jornada. Lo importante es saber de antemano qué opciones tienes y no esperar a estar agotado para buscar una salida.

¿Mejor botas o zapatillas si vengo del Camino?

Si ya tienes un calzado con el que caminas cómodo y tiene buen agarre, no necesitas cambiar por cambiar. Kumano exige especialmente adherencia por la humedad, la piedra y las raíces. Más importante que elegir bota o zapatilla es que el calzado esté probado y responda bien en terreno irregular.

¿Hace falta llevar mucha comida encima?

No mucha, pero sí más previsión que en el Camino. Hay etapas donde no puedes confiar en que aparezca un bar o una tienda. Llevar agua suficiente y algo fácil de comer evita depender de servicios que quizá no existan. Si tu alojamiento prepara bento, puede ser una solución muy práctica.

¿Qué es lo que más desconcierta al principio?

Normalmente tres cosas: el silencio, las distancias engañosas y la necesidad de reservar. Quien viene del Camino suele estar acostumbrado a más pueblos, más servicios y más gente. En Kumano todo eso se reduce, y el paisaje gana mucho más protagonismo.

¿El onsen da reparo la primera vez?

A mucha gente sí. La idea de entrar desnudo en un baño compartido puede resultar extraña al principio. Pero las normas son claras, el ambiente suele ser muy tranquilo y después de una etapa se entiende enseguida por qué forman parte de la experiencia. Lo importante es respetar la etiqueta del lugar.

¿Puedo hacer Kumano Kodo si no hablo japonés?

Sí. Muchos alojamientos y servicios vinculados a la ruta están acostumbrados a recibir viajeros extranjeros. Aun así, no conviene asumir que todo el mundo hablará inglés. Llevar las reservas accesibles, una aplicación de traducción y aprender unas pocas expresiones básicas facilita bastante la experiencia.

¿Voy a encontrar bares y tiendas durante la etapa?

No con la misma frecuencia que en muchas rutas del Camino. Algunos tramos atraviesan zonas rurales y forestales con pocos servicios. Conviene salir sabiendo dónde podrás conseguir agua y comida y no confiar en que aparecerá una cafetería justo cuando la necesites.

¿Puedo usar autobuses sin estropear la experiencia?

Sí. El transporte público puede formar parte de la logística del viaje sin restarle valor a la peregrinación. Puede servir para llegar al inicio de una etapa, regresar al alojamiento o adaptar una jornada. Si buscas el reconocimiento como Peregrino Dual, eso sí, debes asegurarte de completar a pie uno de los itinerarios admitidos oficialmente.

¿Merece la pena hacer el Peregrino Dual?

Si ya has hecho el Camino, puede ser una forma bonita de cerrar el círculo. El valor no está tanto en la insignia como en haber vivido dos tradiciones de peregrinación muy diferentes. Si el reconocimiento te motiva, perfecto; si no, Kumano sigue teniendo sentido por sí mismo.

¿Tengo que hacer ambos caminos el mismo año?

No. El programa Peregrino Dual no exige completar el Camino de Santiago y Kumano Kodo durante el mismo año ni de forma consecutiva. Puedes haber hecho el Camino hace tiempo y completar la parte japonesa años después, siempre que cumplas los requisitos establecidos para cada peregrinación.

¿Voy a encontrar algo parecido al Camino?

Sí y no. Reconocerás la rutina de caminar, llegar cansado, seguir señales y sentir que cada jornada tiene una lógica propia. Pero el ambiente, el alojamiento, la comida, el paisaje y la relación con otros peregrinos serán diferentes. Precisamente ahí está buena parte del atractivo.

¿Qué me llevaría del Camino y qué dejaría en casa?

Me llevaría la paciencia, el respeto por el ritmo propio, el calzado probado y la costumbre de escuchar al cuerpo. Dejaría en casa la idea de improvisar cada noche, de medir las etapas solo por kilómetros y de esperar un bar cada pocos kilómetros.

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