Empezar el Camino de Santiago en Sevilla obliga a cambiar algunas ideas que muchos peregrinos traen de otras rutas. En la Vía de la Plata no siempre hay un pueblo a pocos kilómetros, ni una sucesión continua de bares, fuentes y alojamientos que permita decidir sobre la marcha dónde terminar la jornada.
Aquí conviene mirar la etapa del día siguiente antes de acostarse, saber dónde habrá agua y comprobar que el alojamiento previsto está abierto. Especialmente al principio, el calor y las distancias entre servicios importan tanto como los kilómetros.
A cambio, la Vía de la Plata ofrece una forma muy distinta de llegar a Santiago. Desde Sevilla quedan alrededor de mil kilómetros, dependiendo del itinerario que se elija después, con largas jornadas entre dehesas, campos abiertos y algunas de las ciudades históricas más interesantes de la península.
La Vía de la Plata no nació como Camino de Santiago
El nombre de Vía de la Plata se utiliza hoy para el itinerario jacobeo que parte de Sevilla hacia el norte, pero su origen es bastante anterior a las peregrinaciones medievales.
La calzada romana histórica comunicaba Emerita Augusta, la actual Mérida, con Asturica Augusta, hoy Astorga. Con el tiempo, ese corredor norte-sur siguió utilizándose para el movimiento de personas, ganado y mercancías, y terminó formando parte de las rutas seguidas por los peregrinos procedentes del sur de la Península.
Por eso el Camino actual y la antigua calzada romana están íntimamente relacionados, aunque no sean exactamente la misma cosa desde Sevilla hasta Santiago. Miliarios, puentes y restos de trazado recuerdan todavía ese pasado, especialmente en Extremadura y Castilla y León.
El nombre tampoco tiene relación directa con el transporte de plata. Una explicación muy extendida lo relaciona con el término árabe al-balat, utilizado para referirse a un camino empedrado, aunque el origen exacto de la denominación ha sido discutido.
Dónde empieza la Vía de la Plata en Sevilla
El comienzo tradicional del Camino está junto a la Catedral de Sevilla, en el entorno de la Puerta de la Asunción. Desde allí se cruza el Guadalquivir hacia Triana y se abandona poco a poco la ciudad en dirección a Santiponce y Guillena.
Es una salida peculiar. Durante los primeros kilómetros todavía hay tráfico, barrios urbanos y asfalto; después aparecen Itálica, los cultivos y, finalmente, los espacios abiertos que acompañarán al peregrino durante buena parte de las jornadas siguientes.
Quien quiera preparar con detalle la salida puede consultar nuestra guía de las etapas de la Vía de la Plata. También resulta útil la información de Turismo de la Provincia de Sevilla sobre el tramo sevillano.
Las primeras etapas de la Vía de la Plata
Las etapas nunca son obligatorias y cada peregrino puede adaptarlas a su forma física, al tiempo disponible y a los alojamientos abiertos. Como referencia, nuestra propuesta para los primeros días es la siguiente:
- Sevilla → Guillena: 22,7 km. Jornada prácticamente llana. El principal enemigo puede ser el sol, sobre todo después de dejar atrás Santiponce.
- Guillena → Castilblanco de los Arroyos: 18,3 km. Una etapa relativamente corta que permite ir acostumbrando las piernas y en la que el paisaje comienza a transformarse.
- Castilblanco de los Arroyos → Almadén de la Plata: 28,2 km. Jornada bastante más seria. El largo tramo inicial junto a la carretera exige paciencia antes de entrar en el entorno de El Berrocal y afrontar la subida final.
- Almadén de la Plata → Monesterio: 33,6 km. El Real de la Jara queda a 13,6 km y permite dividir cómodamente la jornada. Poco después se abandona Andalucía y se entra en Extremadura.
Estas primeras etapas ya enseñan una de las reglas de la Vía de la Plata: no conviene diseñar todo el Camino con una plantilla de veinte o veinticinco kilómetros diarios. Hay jornadas que admiten muchas combinaciones y otras en las que la separación entre localidades condiciona bastante más.
Cuál es la mejor época para salir desde Sevilla
Primavera y otoño son, en general, las épocas más cómodas para recorrer la Vía de la Plata. Marzo, abril y mayo suelen permitir disfrutar además de la dehesa en uno de sus mejores momentos, mientras que septiembre, octubre y parte de noviembre pueden ofrecer temperaturas más razonables una vez superado el verano.
Los meses más calurosos requieren mucha prudencia. El problema no consiste únicamente en caminar con altas temperaturas: hay etapas largas, tramos muy expuestos y lugares donde no existe una opción sencilla para detenerse a mitad de camino.
Madrugar ayuda, pero no convierte automáticamente una jornada de calor extremo en una etapa segura. Si la previsión meteorológica es mala, modificar la etapa, acortarla o esperar un día también forma parte de hacer bien el Camino.
En invierno el tramo meridional puede ser perfectamente transitable, aunque aparecen otras limitaciones: menos horas de luz, establecimientos cerrados fuera de temporada y temperaturas bastante más bajas a medida que se avanza hacia la meseta.
Agua y alojamiento: aquí conviene mirar un día por delante
La Vía de la Plata tiene albergues de peregrinos, alojamientos privados, hostales y casas rurales, pero están mucho más dispersos que en las zonas más concurridas del Camino Francés.
Eso cambia la manera de organizarse.
Antes de salir conviene comprobar hasta dónde llega la etapa, qué localidades tienen servicios y cuál es el siguiente punto de agua fiable. La botella debería permitir llegar hasta ese punto con margen suficiente, sin depender de encontrar abierta una fuente, un bar o una tienda que no se haya comprobado previamente.
Con el alojamiento ocurre algo parecido. No siempre es imprescindible reservar, pero sí resulta aconsejable comprobar la apertura, especialmente fuera de los meses de mayor afluencia. En nuestra guía de albergues de la Vía de la Plata se pueden consultar las opciones disponibles a lo largo de cada etapa.
Improvisar sigue siendo posible. Simplemente hay días en los que hacerlo exige bastante más información que en otros Caminos.
Granja de Moreruela: el momento de elegir ruta
Después de Mérida, Cáceres, Salamanca y Zamora se llega a uno de los puntos importantes del viaje: Granja de Moreruela.
Aquí hay dos formas de continuar hacia Santiago.
Una posibilidad es dirigirse hacia Tábara y continuar por el Camino Sanabrés, atravesando Sanabria y entrando en Galicia por A Gudiña para seguir después hacia Orense y Santiago.
La otra consiste en continuar hacia el norte hasta Astorga y enlazar allí con el Camino Francés.
No hace falta tomar esa decisión antes de salir de Sevilla. Quedan muchos kilómetros para llegar a Granja de Moreruela y, después de varias semanas caminando, probablemente tendrás mucho más claro qué tipo de Camino quieres para el tramo final.
Sevilla merece un día antes de empezar
Si el viaje lo permite, llegar a Sevilla la víspera tiene bastante sentido. No solamente para hacer turismo: también permite recoger o revisar la Credencial del Peregrino, comprar cualquier cosa olvidada, comprobar la mochila y comenzar la primera etapa después de dormir bien.
Y ya que estás allí, merece la pena disfrutar un poco de la ciudad.
La Catedral y la Giralda están literalmente en el punto de partida. Santa Cruz queda a pocos minutos y Triana, que al día siguiente será ya parte del Camino, ofrece una buena forma de despedirse de Sevilla junto al Guadalquivir.
También está la fotografía de salida. Para algunos será suficiente una foto rápida delante de la Catedral; para otros, especialmente si el Camino coincide con una jubilación, un aniversario, un viaje largamente aplazado o simplemente apetece conservar bien ese momento, puede tener sentido dedicarle algo más de tiempo.
Si viajas solo o prefieres evitar el inevitable selfie con la mochila en el suelo, una breve sesión con un fotógrafo profesional en Sevilla es una de las opciones. Mejor hacerlo la tarde anterior que retrasar la salida: las primeras horas frescas del día son demasiado valiosas en esta ruta como para gastarlas posando.
La gracia de esa fotografía se entiende probablemente mejor al regresar. El peregrino que aparece delante de la Catedral con las botas limpias todavía no sabe demasiado de quien llegará semanas después a Santiago.
FAQs – Preguntas frecuentes sobre la Vía de la Plata desde Sevilla
Calcula alrededor de mil kilómetros para hacer el Camino desde Sevilla hasta Santiago. La distancia final cambia según las variantes elegidas, la división de etapas y, especialmente, si desde Granja de Moreruela continúas por el Camino Sanabrés o sigues hacia Astorga para enlazar con el Camino Francés.¿Cuántos kilómetros hay de Sevilla a Santiago?
El punto tradicional de partida se encuentra junto a la Catedral de Sevilla, en el entorno de la Puerta de la Asunción. Desde allí el trazado cruza el Guadalquivir hacia Triana y continúa hacia Santiponce, donde pasa junto a Itálica, antes de dirigirse a Guillena.¿Dónde empieza la Vía de la Plata en Sevilla?
Primavera y otoño suelen ofrecer las mejores condiciones. Entre marzo y mayo la dehesa está especialmente bonita y las temperaturas son más llevaderas. Septiembre y octubre también son buenas opciones, aunque conviene vigilar posibles episodios de calor. En invierno hay menos horas de luz y algunos alojamientos pueden cerrar temporalmente.¿Cuál es la mejor época para hacerla?
Los meses de más calor son poco apropiados para esta ruta, especialmente en Andalucía y Extremadura. Hay jornadas largas, escasez de sombra y grandes distancias entre algunos puntos de servicio. Si coincides con temperaturas muy altas, madrugar puede no ser suficiente: revisa la previsión y modifica la etapa cuando sea necesario.¿Es recomendable hacer la Vía de la Plata en verano?
Puede serlo para una persona acostumbrada a caminar y que prepare bien las jornadas, pero la Vía de la Plata perdona menos la improvisación que otras rutas. Las grandes distancias entre servicios, el calor y algunas etapas largas aconsejan llegar con cierto entrenamiento y acostumbrarse previamente a caminar varias horas con mochila.¿Es una buena ruta para un primer Camino?
Sí existe una red de albergues y otros alojamientos, pero está más dispersa que en rutas muy transitadas. Lo importante es comprobar las opciones antes de comenzar cada jornada, sobre todo fuera de temporada. Un cierre imprevisto puede obligar aquí a desplazarse muchos kilómetros hasta el siguiente alojamiento disponible.¿Hay suficientes albergues en la Vía de la Plata?
No hay una cantidad válida para todo el Camino. Depende del calor, la distancia y los puntos de abastecimiento de cada jornada. Lo importante es salir con capacidad suficiente para alcanzar el siguiente lugar donde hayas confirmado que puedes conseguir agua, dejando además un margen razonable para retrasos o cambios de condiciones.¿Cuánta agua hay que llevar en cada etapa?
En Granja de Moreruela puedes desviarte por el Camino Sanabrés, hacia Tábara, Puebla de Sanabria, A Gudiña y Orense, o continuar hacia Astorga para incorporarte al Camino Francés. Ambas alternativas llegan a Santiago y cambian bastante el carácter de las últimas jornadas del viaje.¿Qué ocurre al llegar a Granja de Moreruela?
Conviene llevarla desde el primer día si haces la ruta como peregrino. Sirve para identificarte en determinados albergues y para ir reuniendo los sellos del Camino. Si además quieres solicitar la Compostela al llegar a Santiago, tendrás que acreditar correctamente los kilómetros exigidos durante el tramo final.¿Necesito la Credencial del Peregrino desde Sevilla?
¿Merece la pena empezar la Vía de la Plata en Sevilla?
Depende bastante de lo que busques en el Camino.
Quien necesite encontrar servicios, alojamientos y otros peregrinos cada pocos kilómetros probablemente disfrutará más en otra ruta. Quien se encuentre cómodo con jornadas largas, espacios abiertos y muchas horas caminando sin demasiado ruido tiene aquí un Camino difícil de comparar con los demás.
La Vía de la Plata pide preparación, especialmente con el agua, el alojamiento y la meteorología. A cambio, permite atravesar media Península a pie, pasar por ciudades como Mérida, Cáceres, Salamanca y Zamora y recorrer paisajes donde todavía se entiende perfectamente por qué este corredor lleva siendo utilizado desde hace siglos.
Y todo comienza a los pies de la Giralda, que tampoco es una mala forma de ponerse en camino.


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