Los peregrinos llegan a cuentagotas a Zamora

Hospitalero preparando la comida.
Hospitalero preparando la comida.

El número de peregrinos del albergue de Zamora se reduce un 34,4% respecto al año anterior de la pandemia

Después de algo más de un año tan raro y complicado por la pandemia, poco a poco se vuelve a la normalidad. Los parques se llenan de niños, las calles de turistas y el Camino de Santiago de las huellas de los peregrinos.

Pese a que el camino de la Vía de la Plata no sea tan típico para recorrer en la época veraniega, ya que es más común ver a peregrinos recorrerla con temperaturas más de entretiempo, son algunos los valientes que se aventuran a recorrerla.

Con casi mil kilómetros de distancia desde Sevilla hasta Santiago de Compostela, el camino más largo de España tiene una de sus últimas paradas en la capital zamorana, además de otras dos en Santa Marta de Tera y en Puebla de Sanabria.

Guiados por las flechas amarillas y las conchas de peregrino en el suelo o en los bloques de hormigón, los viajantes llegan al albergue de peregrinos zamorano, situado en la Cuesta de San Cipriano, que después de algo más de un año cerrado, el hospedaje solidario abrió sus puertas hace menos de un mes para acoger a los caminantes.

Antes de que comenzara la pandemia, el albergue tenía una capacidad para 28 peregrinos, pero, actualmente, el aforo está limitado a la mitad, es decir, unos 14 viajeros podrían dormir aquí. No obstante, uno de los hospitaleros encargados del albergue confirma que la ocupación “normalmente no llega al 10%” de esas 14 camas, ya que muchos de los peregrinos prefieren pernoctar en hoteles, hostales o en casas rurales.

El número de peregrinos se ha reducido drásticamente y se han producido varios cambios desde que comenzó la pandemia.

En la primera quincena de julio de 2019, 125 peregrinos pernoctaron en el albergue, mientras que en la misma quincena de este año solo han pasado por allí 43.

Otra de las grandes diferencias con respecto a otros años es la nacionalidad del peregrino. Anteriormente lo que predominaba eran caminantes alemanes, pero ahora la gran mayoría son viajeros españoles que van en bicicleta.

Respecto a las medidas de seguridad que se aplican en el albergue, cada peregrino tiene que desinfectarse las manos y zapatillas al entrar, las mascarillas son obligatorias en todo momento y las sabanas se lavan o cambian después de cada uso. Además, todo el recinto es desinfectado a diario y constantemente, incluidos los pomos de las puertas y los sanitarios.

El precio del albergue es totalmente gratis, ya que es solidario y cada huésped deja lo que le parezca necesario. Cabe destacar que cada peregrino contará con un desayuno cada mañana, mientras que el resto de comidas corren a cuenta de cada uno, para “dar vida a la ciudad”.

Leído en La Opinión de Zamora

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