El Año Jacobeo beneficiará a los albergues de Cantabria

Con el nuevo Año Jubilar gallego se renuevan las buenas expectativas en los albergues de peregrinos de Cantabria que jalonan el conocido como Camino del Norte. Desde seis de ellos se aseguró ayer que la intensa promoción institucional que se realizará salpicará a la región, que verá pasar bastantes más visitantes después de haber cerrado un óptimo 2009. En el año recién terminado, los hospitaleros han ido anotando entre los ‘nuevos tipos’ de peregrinos a chicas jóvenes solas (de los 20 a los 30 ó 35 años). Y, entre la procedencia, aumenta la cifra de los llegados de los países del Este.

Coinciden los gestores de los establecimientos ubicados en Santoña, Güemes (Bareyo), Santillana del Mar, Cóbreces, Camplengo y San Vicente de la Barquera: 2010 será un buen año. Porque, y éste es un factor importante, en la peregrinación no influye la crisis y, si lo hace, es para bien. Pocas vacaciones habrá tan baratas como echarse una mochila al hombro, unas botas a los pies y prepararse para pagar entre la voluntad o los cinco euros por noche en las instalaciones de acogida.

José López, desde el albergue municipal de Santoña, dice que la pequeña parte que éste destina a acoger a esta clase de turistas ya estuvo todo 2009 colapsada. «Tuvimos que dar muchos noes. Siempre que se celebra un Año Jubilar se nota muchísimo el tirón, es inevitable».

Quizá porque, como apunta Luis Izquierdo, desde San Vicente de la Barquera, ‘el camino’ en cualquiera de sus rutas, va sumando adeptos cada año, que llegan desde todas las partes del mundo. San Vicente, por ejemplo, acoge sobre todo alemanes y franceses, y también se notó la conexión del Aeropuerto de Parayas con el de Ciampino de Roma.

«El trayecto del Norte, a la fuerza, sube más, porque la parte francesa se ha saturado después de tantos años de estar de moda». Izquierdo, además, le ve atractivos a la ruta Norte que no tiene la otra alternativa: «en verano, el paseo cerca del mar, no tiene comparación». Para tanto, son numerosas las personas que primero recorren el área con el espíritu y la sencillez del peregrino «y repiten más tarde como turistas». A otro nivel.

Es otra reflexión que plantean en los albergues de Güemes y en uno de los dos de Cóbreces. El primero gestionado por el sacerdote Ernesto Bustio y, el segundo, por los padres cistercienses, donde existen buenas vibraciones para este año, explica el hermano Teodoro, a quien le gustaría que sus visitantes pudieran gozar este año de servicios como lavadora, secadora o microondas.

Bustio señala, por su parte, que en su establecimiento, la actividad crece a un ritmo del 30% cada ejercicio. «Y, este año, seguro que vuelve a subir gracias a la publicidad oficial». Aunque apunta que el suyo es un albergue en el que funciona mucho más el boca a boca. «Con Internet es muy fácil comunicarse y la gente se pasa rápido la información de dónde están los buenos sitios. Con una guía e Internet se arreglan».

A Bustio le desagrada la manipulación que se hace del peregrino «como elemento turístico», de negocio. «Es cierto que, en una peregrinación, también se pueden ver o aprovechar otros factores. El de intercambio cultural es muy importante», defiende. Critica, sin embargo, que la Iglesia (con mayúsculas) tenga poco contacto con ese andarín que lleva una idea que rumiar, mientras hace kilómetros tras la estela del apóstol Santiago.

José Cobo, de Camplengo, también diferencia a esta gente del turista al uso. «Todos, aunque no lo parezca a primera vista, llevan alguna promesilla detrás, que es la que les hace moverse». Por más que aparezcan disfrazados «de deportistas o de pasotas». Cobo afirma que después de varios años al frente de una instalación como la suya ya no le llama nada la atención. «Lo mismo he visto pasar gente mayor y de escasos recursos económicos que al responsable de una fábrica japonesa con 2.000 obreros a su cargo, que a ingenieros. He visto de todo lo que uno pueda imaginar».

Fuente: eldiariomontanes.es

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