La Vía de la Plata refuerza su tirón: seis de cada diez peregrinos son extranjeros

En los cuatro primeros meses del año han pasado por el Camino Mozárabe cuarenta caminantes más que en ese periodo de 2017

El número de  peregrinos que han pernoctado en el albergue de Orense desde comienzo de año supera ya en 40 el número de personas que se registraron durante los cuatro primeros meses del año 2017. Según los datos suministrados por la Asociación de Amigos del Camino Mozárabe-Sanabrés, en el mes de enero se anotaron 25 peregrinos, subiendo la cifra a 83 en febrero y pasando a 122 en marzo. En abril ya eran 399, lo que suma 629 peregrinos, “que son 40 más que los que pasaron por el albergue de Orense en ese primer cuatrimestre de 2017”, subraya José Luis Rodríguez Cid, presidente de la Asociación de Amigos del Camino Mozárabe.

Entre los que han hecho uso de la Vía de la Plata este año se encuentran los “20 peregrinos de un grupo procedente de Córdoba, que estuvieron a principios de marzo, así como un grupo de profesores alemanes que llegaron a Oporto y de allí vinieron a Orense, el pasado  abril”. A estos hay que unir la previsión de otro grupo procedente de un instituto de FP de Normandía, que tiene previsto llegar a la ciudad en junio, así como “otro colectivo que viene de Ávila, también en junio”.

Rodríguez Cid apunta que “cada vez son más los que optan por el Camino Mozárabe. De hecho, este domingo pasado nos encontramos con 20 y todos extranjeros, en el Alto de la Canda, mientras estábamos revisando los indicadores del Camino”.

Preguntado por el perfil del peregrino que elige la ruta que atraviesa la provincia de Orense, Rodríguez Cid apunta que “exceptuando los grupos, si hablamos de los que vienen a título individual son, hasta en un 60%, procedentes del extranjero”.

Otro detalle es que “las pernoctaciones se realizan en un 50% en la red de albergues provincial y el resto en otros establecimientos hoteleros”. Y el experto subraya que “un buen número de ellos apuestan por la bicicleta para cubrir las etapas del Camino, especialmente cuando provienen de la vecina Portugal, que entran por Chaves, así como de País Vasco y en menor número de Cataluña”.

“El caballo te da otra perspectiva sobre el Camino de Santiago”


José Luis Lema, del Club Hípico de Vilamarín, tiene 50 años y ha hecho varias veces el Camino de Santiago a caballo. “Empezamos en 2015 y lo hacemos siempre por la Ruta de la Plata“, explica. Lema señala que “no vamos más de 10 personas y siempre con un coche de apoyo, además de dos guías, uno delante que avisa lo que nos vamos a encontrar y otro detrás como coche escoba”.

Asegura que “cada vez son más los que realizan el Camino a caballo”, aunque explica que “hay que programarlo bien; nosotros llevamos buena provisión de pienso en el coche de apoyo, por ejemplo, y tenemos concertados los sitios donde paramos para tener la seguridad de que habrá sitio para nuestros caballos”.

Asegura que “el caballo te da otra perspectiva del Camino; hay quien había peregrinado andando y lo hizo a caballo y me decían que eso nunca lo habían visto”.


“Buscamos el postre tradicional de cada etapa, llevamos 30”


Victoria Morales, de 48 años y autónoma, hace el Camino desde Córdoba con la segoviana Virginia Díez, de 25 años y estudiante de Magisterio que está haciendo la especialidad de Inglés. El pasado jueves hacían parada en Orense con su proyecto, “recorriendo la Ruta Mozárabe, que es todavía bastante desconocida, y si por la mañana nos dedicamos a hacer el recorrido, por la tarde buscamos el postre tradicional de cada etapa; llevamos casi 30”.

Entre las recetas recogidas están “rosquillas de alfajor, de Cáceres; amarguillos, de Castilla; bica de Trives; almendrados de Allariz…”, señala Morales. Todo ello lo recogen en una página web que se denomina “El Camino más dulce” y difunden por las redes sociales.

Entre sus anécdotas, “la última que nos quedamos, hace dos días, encerradas en el albergue, en Xunqueira, y no podíamos abrir; lo tomamos con humor”.


“Lo hice andando y en bicicleta, y reconozco que es más duro como caminante”


Diego Rubín, orensano de 35 años, realizó la Ruta Jacobea “hace dos años en bicicleta de BTT; era mi primera experiencia en el Camino sobre dos ruedas, aunque alguno de los compañeros ya lo había hecho”. Les llevó llegar a Santiago “sobre siete horas y media u ocho”, explica.

Como curiosidad recuerda que “el caso es que  cuando llegamos a Santiago nos encontramos con problemas para encontrar donde dejar las bicicletas, así que decidimos hacer la vuelta en el mismo día. Comimos tras visitar la Catedral y sobre las cuatro de la tarde ya estábamos de regreso”. Apunta que se lo plantearon como “una aventura”.

Después, Rubín explica que “lo hice andando, con mi pareja, en diciembre del año pasado, y reconozco que es más duro caminando”. Según subraya, “cuando vas en la bicicleta llaneando puedes descansar las piernas y si te encuentras con una cuesta abajo ya no tienes ni que pedalear, así que te ayuda a relajar, algo que no ocurre cuando lo haces andando”. En este último caso tuvieron que emplear “cuatro días, pero también es cierto que ves más cosas en el Camino”.


“Lo cubrí en una etapa, por la recuperación de mi hermano”


José Santalla recorrió el Camino de Santiago por la Ruta de la Plata en una sola etapa de 212 kilómetros ininterrumpidos desde el Bierzo. “Había hecho la promesa al pasar por la iglesia de mi pueblo, Quilós, en Cacabelos. Mi hermano Bruno sufre una enfermedad rara y degenerativa, el síndrome antifosfolípido, y tuvo una operación de la que consiguió  salir bien”.

José Santalla decidió entonces cubrir  esos más de 200 kilómetros corriendo y sin ayudas externas. “Yo llevaba mi propia comida y bebida y lo hice sin paradas hasta llegar a Santiago”, apunta.

Fue un reto cubierto que le llevó “30 horas y 28 minutos”, según recuerda. Ahora se plantea llevar a cabo otro en el que quiere implicar a otras personas. “Lo propuse a María Fernández, de la Asociación de Amigos del Camino Mozárabe, y consiste en recorrer esta ruta sin parar desde el primer pueblo de la provincia de Orense en donde arranca esta ruta”. La propuesta está hecha. Mientras, este berciano que acaba de cumplir 50 años ya piensa en tomar parte en las 100 millas del País Vasco.


“Mis amigos me dicen que regreso cambiado cada vez que vuelvo del Camino”


Silvano Somano, de 64 años y natural de la localidad de Bra, en el Piamonte italiano, es un veterano del Camino. “La primera vez lo hice con mis hijos y mi esposa en bicicleta, desde Burgos. Después, en el 2006, me decidí a hacerlo andando, desde Saint Jean Pied de Port, por el Camino Francés. El año pasado afronté el Camino del Norte y este la Ruta Mozárabe”, resume.

Señala al Camino como “ese espacio de tranquilidad que todos los hombres necesitamos, encuentras a buena gente y a Dios, que está con nosotros, además del propio corazón”. Añade que “muchos amigos, cuando regreso a mi casa tras recorrer el Camino, me dicen que me ven cambiado, pero yo no me veo diferente, aunque sí es cierto que ese recorrido te ayuda a encontrarte contigo mismo”.

Explica que “el Camino me gusta hacerlo solo, aunque cuando llegue a cada destino me encuentre con la gente, comparta y disfrute con ello, pero la ruta prefiero hacerla sola”.

Cuando se le pregunta por la ruta preferida, apunta que “la del Norte la considero la más espiritual”.


“Escogimos la Ruta de la Plata porque tiene más viales de tierra batida”


José Amaral, Hugo Díaz y Nuno Lopes, naturales de Portugal y de 40, 45 y 43 años respectivamente, llegaban al mediodía del viernes al Polígono de San Cibrao, procedentes de Guarda. Son 423 kilómetros que este grupo de amigos cubrirán en “cuatro etapas, esperamos llegar mañana -por ayer- a Santiago de Compostela“.

Se plantearon el Camino “como una aventura, además de por cuestión de fe”, según explican. Escogieron bicicletas BTT “con saco, comida, ropa y dinero, además de un GPS que nos indica el camino cubierto y lo que nos queda por delante”.

Escogieron la Ruta de la Plata “porque tiene más trechos de tierra batida, que para las bicicletas siempre es mejor y menos peligroso que las carreteras convencionales”, explica Hugo Díaz. Lo que más les costó fue “la subida a Laza, que era con mucha inclinación”.

En todo caso, consideran la experiencia “muy buena y enriquecedora; era la primera vez pero seguro que repetimos una segunda”, aseguran.

Leído en La Región

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