Un Jacobeo a medio camino

Varios peregrinos transitan por un tramo de la Vía de la Plata hacía Santiago de Compostela
Varios peregrinos transitan por un tramo de la Vía de la Plata hacía Santiago de Compostela

Como en 2020, la Vía de la Plata ha vuelto a quedarse este año sin su mejor época, la primavera. Los alojamientos extremeños que la jalonan confían en que la situación remonte después del verano y con la prórroga del Año Santo a todo 2022

El último día del año pasado, el nuncio papal en España anunció, durante la inauguración del Jacobeo 2021 en Santiago de Compostela, la decisión de «prorrogar los dones espirituales» vinculados al Año Santo también a todo el 2022 a causa de la difícil situación ocasionada por la covid. Fue a buen seguro una alegría para las decenas de miles de peregrinos que cada año completan alguno de los caminos que llevan la localidad santiaguesa, pero también para los alojamientos, tiendas y restaurantes que jalonan estos recorridos y que pueden ganarse la vida gracias en buena medida al paso de los caminantes y ciclistas que discurren por ellos.

La decisión puede ser especialmente trascendente en el caso de uno de estos itinerarios, el de la Vía de la Plata. Tras tener un 2020 casi perdido por completo, este 2021 está siendo prácticamente igual de flojo. De los meses fuertes para este camino, que son los de primavera, apenas si pudo aprovecharse una parte de mayo a causa de las restricciones a la movilidad y en la hostelería. Y luego, cuando empezó a haber mayor libertad, llegó el calor, siempre más acusado que en otras rutas santas, como la del norte o la francesa, lo que volvió a cortar el flujo de peregrinos.

Casa Perín es un Hostal Rural habilitado en una vivienda solariega de finales del siglo XIX del casco antiguo de Villafranca de los Barros. «Estoy en la misma vía, y a los peregrinos los veo pasar a todos sí o sí, y ahora no viene casi nadie. El bajón ha sido impresionante», cuenta Isabel Guerrero. Hay días que en el establecimiento pernoctan «cero peregrinos y otros dos, tres…». Estos meses son sobre todo ‘bicigrinos’, precisa, que sobrellevan mejor las altas temperaturas.

El impacto de la pandemia no sólo se percibe en el descenso de la afluencia. Ahora, se deja mucho menos margen a los imprevistos, y también se busca una mayor intimidad. «Las reservas se hacen con bastante anticipación, tres días antes como muy tarde. Y a ser posible, piden habitación privada con baño», cuenta. También se ha invertido la proporción entre turistas extranjeros, que eran los más habituales en esta ruta, y los nacionales, que se han convertido en los más frecuentes. «Como estoy en Booking, otros años me llegaban muchos ingleses, franceses, italianos, de los países nórdicos…, pero este los poquitos que se aventuraron a reservar han ido anulando porque no lo tienen claro», afirma.

Tras el «’boom’» del 2010, «y ahora que el camino este era más popular y conocido, todo el mundo esperaba que 2021 fuera un año bueno, con mucha gente. Esperemos que en el otoño y a partir del año que viene esto sea ya de otra manera», añade. Por lo pronto, de momento tiene algunas reservas para septiembre.

Sandra Bermejo gestiona, junto a su marido Juan Manuel, el albergue Convento de San Francisco, en Zafra. Ella ya da el 2021 «prácticamente por perdido». También tiene algunas reservas para el mes próximo y para octubre, pero «muy poquita cosa». El verano «está siendo muy flojo. Si hace dos años te llegaban diez ciclistas al día durante estos meses, ahora pueden ser dos. Y andando, muy pocos». Casi todos son españoles y los escasos extranjeros que aparecen, «sobre todo de Alemania».

En el 2019 pasaron por la Oficina del Peregrino 9.201 personas que habían llegado a Santiago de Compostela por la Vía de la Plata, apenas el 2,65% del total. Este itinerario es el séptimo en importante y sigue muy lejos de otros recorridos como el Francés (189.937 peregrinos, un 54,65% del total) o el Portugués (72.357, un 20,82%).

Filiberto Hernández regenta desde 2012 un albergue en la localidad zamorana de El Cubo de Tierra del Vino y es, además, presidente de la Asociación Nacional de Caminos de la Vía de la Plata, que agrupa a unos 85 establecimientos «desde Sevilla hasta Finisterre», entre los que hay albergues turísticos, hostales, posadas reales, casas rurales o restaurantes.

Él tiene muy claro que las oportunidades que ofrece este camino son «enormes» en términos de creación de riqueza o de capacidad para fijar población al territorio en comunidades que, como Extremadura y Castilla y León, sufren una evidente sangría demográfica, especialmente en sus zonas rurales. «Tenemos una diversidad de gentes, de paisajes o de gastronomía, que es bestial», esgrime. También es taxativo a la hora de apuntar qué es lo que hay que hacer para explotar estas posibilidades. «Lo más importante para que la Vía de la Plata resurja es que nosotros, toda la gente que vive en ella, y también nuestros políticos, nos lo creamos. El potencial que tenemos es espectacular. Y no es que lo diga yo. Por aquí tenemos la suerte de que pasa toda clase de personas de diferentes países, culturas o clases sociales y cuando hablas con ellos todos te dicen que lo que tenemos es increíble», sostiene. Igualmente, considera «imprescindible» que el recorrido, aunque atraviese cuatro comunidades autónomas, sea tratado «como una misma cosa». «Yo, como presidente de la asociación nacional no sé a quién tengo que dirigirme, no contamos con una entidad que maneje toda la Vía de la Plata», alega.

Medidas urgentes

De la misma forma, también hace hincapié en que «hay una serie de medidas urgentes que llevamos reivindicando desde hace muchos años sin que se haga absolutamente nada», como son que se habiliten puntos de agua en algunas de las etapas más largas o que se ponga una señalización homogénea en todo el recorrido para no «volver locos» a los peregrinos.

Para disminuir la incertidumbre que pueda existir a la hora de planificar o de realizar el camino a causa de la pandemia, desde los establecimientos de esta asociación se entrega a los peregrinos un listado actualizado con todos los que están abiertos y sus precios y servicios. «Nos comprometemos a que si necesitan cualquier ayuda se les va a proporcionar, para que el peregrino se sienta protegido», aduce.

En este sentido, en relación a la escasa afluencia de estos últimos meses de verano, resalta que si bien han sido bastante flojos, «en comparación con 2019 no ha bajado mucho. El problema es que el desconfinamiento nos ha pillado ya con todo el calor, en especial en la zona sur. Eso nos ha matado».

«Yo creo que cuando pase el verano la agente va a empezar a salir. Antes de la pandemia, ya llevábamos dos años en los que llegaban peregrinos después de septiembre, que antes apenas si había nada», confía Francisco Bueno, propietario del albergue Señora Elena, de Carcaboso. «Y el año que viene creo que puede haber un ‘boom’ si no vienen más restricciones otra vez», vaticina. En lo que va de 2020, el descenso en la afluencia, comparado con un año normal, «es por lo menos de un 80% o un 90%». Él posee también un bar cercano al albergue, lo que le permite atender los dos locales y compartir gastos. «Ganancia no hay ninguna, pero tampoco vamos a dejarlo….», asevera.

En esta localidad cacereña hay otro albergue. Es municipal, aunque ha tenido gestión privada. Actualmente está cerrado a la espera de reforma. «Lo dejé en octubre», cuenta Alicia Calvo, quien se había encargado de él los cinco años anteriores. Sus dimensiones– cuatrocientos metros cuadrados de superficie y 24 plazas–, el confinamiento durante la primavera, única época rentable del año, y el insuficiente flujo de peregrinos de después, hicieron la situación «insostenible por completo».

«Lo que es peregrinos, en primavera no ha habido prácticamente nada y ahora, con el calor, a lo mejor pasa uno cada dos o tres días. La cosa está muy floja. Nosotros estamos funcionando un poco porque al ser albergue turístico viene gente a pasar el fin de semana o a hacer rutas senderistas. Pero el camino está muy parado», asevera Álvaro Rodríguez, del albergue de Aldeanueva del Camino. En lo que va de año pueden haber pasado por su establecimiento unos setenta peregrinos. Sin pandemia, probablemente se hubiera superado ya a estas alturas el millar de ellos. «Se acusan mucho las restricciones que hay en otros países porque este camino tiene mucho movimiento sobre todo de europeos, gente jubilada que pasa un mes haciéndolo, y eso de momento no se ha recuperado. A partir de septiembre y octubre creo que ya tiene que tirar esto». De lo contrario, «como venga un 2022 como este año, la hostelería y el turismo estamos muertos», resalta.

«En mayo hubo un poco más de gente, pero a lo mejor una cuarta parte de un año normal. El Jacobeo no se está notando absolutamente en nada», coincide Martín Miguel, del Hostel Cañaveral. El día que ha tenido «tres o cuatro peregrinos, ya era un logro», cuando lo normal en primavera es que fuesen cerca de veinte. También en su caso mantiene el negocio gracias a otro perfil de clientes. «En julio he estado en la media de pernoctaciones de otros años, pero porque hemos tenido más turistas que vienen de paso».

«No estamos pendientes como antes todo el día, que era un goteo constante de peregrinos y cada hora venía alguien. Ahora te avisan cuando llegan, les abres la puerta, les atiendes y ya está». Él tuvo que prescindir de 8 de las 24 plazas de aforo para cumplir con las medidas sanitarias. «Da igual porque no se completan», asegura. «Si vienen tres que llegan haciendo el camino juntos, esos sí los metes en una habitación, si no, los vas distribuyendo. Pero nunca hay aglomeraciones», puntualiza. «Antes a la gente le daba igual que hubiese 8 que 80 en los albergues», pero actualmente la covid ha hecho que se busquen «habitaciones con menos gente, o que sean privadas, para evitar los contactos», concluye.

Andrés Rodríguez lleva dos albergues de la Vía de la Plata, el de Pescueza y el del embalse de Alcántara, en el término municipal de Garrovillas de Alconétar. Con la pandemia, el primero se lo cedió temporalmente al ayuntamiento para que atendiese necesidades derivadas de ella, y lo recuperará tras el verano. «Como es Año Santo, a nada que pase el calor, sí que va a empezar a arrancar el camino. A mí me ha llamado ya mucha gente y se han formalizado bastantes reservas», cuenta. Para septiembre son unas 30 y para octubre unas 20, «aunque todas de una persona o dos».

El del embalse de Alcántara, que es una concesión de la Junta de Extremadura, lo abrió el otoño pasado tres meses. «Hice la cuarta parte de los clientes de un año normal», argumenta, por lo que decidió echar el cierre. Por eso y «por los problemas de la instalación. No tengo suministro de agua y a la hora de comprarla me sale carísimo el transporte y siguen sin poner solución a este problema», lamenta, por lo que está pensando en dejar su gestión.

Leído en El Periódico de Extremadura

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