Camino de Santiago, una ruta que sana

Ya sea por fe, para cumplir una promesa o practicar senderismo, el Camino de Santiago invita a los viajeros a renovarse

Cuenta una antigua tradición que, en el siglo IX, un rastro de luces guió al ermitaño Pelayo hacia el sitio donde se encontraban los restos del apóstol Santiago el Mayor.

Hoy en día, los peregrinos que llegan desde tierras lejanas para realizar el Camino de Santiago no necesitan mirar a la distancia para dirigirse a donde, se dice, están los restos del apóstol. Sus principales guías ahora son dos símbolos inconfundibles: la flecha amarilla y la concha de vieira que los conducen hacia la capital gallega y van marcando el kilometraje restante.

Hay quienes se dirigen a la capital gallega y a su Catedral principalmente por motivos de fe.

Otros lo toman como un reto personal. Varios lo hacen en nombre de otra persona que, por algún motivo, no ha podido hacer el recorrido. Y para algunos es una combinación de diversos factores. Si algo queda claro, es que no hay una manera única o correcta.

Peregrinar es una oportunidad para que algunos se queden solos con sus pensamientos o estrechen lazos con los seres queridos que los acompañan.

Realizar el Camino de Santiago ha sido, además de un objetivo para muchos, un punto de partida para forjar nuevas amistades, relaciones y experiencias de vida.

Y es que en realidad, hacer este recorrido implica tomar dos caminos simultáneos. Uno es el de los peregrinos que buscan su Compostela, documento que certifica que han recorrido los últimos 100 kilómetros a Santiago a pie o a caballo o los últimos 200 kilómetros en bicicleta.

Otro es el que ocurre más adentro; uno que reanima y sana.

A lo largo de su travesía, los viajeros, que toman algunas de las rutas reconocidas, van acumulando sellos en el pasaporte del peregrino. Son estampas que certifican sus paradas y que, además, evocarán por siempre recuerdos de los albergues e iglesias que visitaron, del calor de los lugareños y de las bendiciones que recibieron a su paso.

En ocasiones, seguramente se encontrarán con empinados caminos y un clima algo inclemente. Pero también hallarán tierras verdes y fértiles que se extienden por todo el horizonte, deliciosa gastronomía, y parajes que parecerán trasladarlos a un plano fuera de esta tierra.

Este 2021 es Año Santo o Jacobeo, algo que sólo sucede cuando el 25 de julio, día de Santiago Apóstol, cae en domingo. Los festejos actuales son excepcionales ya que, debido a la pandemia, se extenderán hasta finales de 2022. Cualquier espera, no obstante, vale la pena ya que sólo en años Jacobeos se abre la Puerta Santa de la Catedral de Santiago.

También es en estas épocas cuando la Torre del Reloj del famoso templo se mantiene encendida y emana su brillo durante las noches. Habrá que verla, dispuesta a guiar a todo peregrino que llegue desde tierras lejanas, iluminándole el camino.

Para saber

Hay varios caminos que llevan a Santiago de Compostela: el Primitivo, el del Norte, el Inglés, la Ruta del Mar de Arousa y Río Ulla, el Portugués, el de la Vía de la Plata y el Francés.

Leído en Reforma

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Ir arriba