Los Caminos de la Humanidad

Hay que embellecer la ruta: alejarla de carreteras, acercarla a la naturaleza y cuidar el paisaje

El Camino de Santiago sigue dejándonos buenas noticias: hemos recibido este mes al peregrino número 100.000 —un castellanomanchego que ha venido en bici desde Ciudad Real— y hemos logrado el reconocimiento del Camino del Norte y del Primitivo como Patrimonio de la Humanidad por parte de la Unesco.

El primero sale de Irún y recorre todo el Cantábrico (País Vasco, Cantabria y Asturias) para entrar en Galicia por Ribadeo. Del Primitivo dicen que es un remanso de tranquilidad: parte de Oviedo y viene a Santiago por el interior, pasando por la zona de A Fonsagrada.

La designación va a suponer, sin duda, un espaldarazo para esas dos rutas hoy minoritarias —como ocurrió a partir de 1993 con el Camino Francés— pero como todo tiene sus dos caras, también nos va a obligar a mejorar algunos aspectos, asignaturas que aún tenemos pendientes.

El primero, la seguridad. Son demasiados los tramos en los que los peregrinos tienen que caminar por arcenes de carreteras con mucho tráfico y, en lugares como O Pino, se han producido varios atropellos mortales: sin ir muy lejos, una mujer lucense fallecía el mes pasado cuando cruzaba la vía muy cerca del albergue de Arca.

Después de las cuestiones de seguridad están también las estéticas: hay que conseguir embellecer la ruta: alejarla de carreteras, acercarla a caminos tradicionales y a la naturaleza y cuidar al máximo el urbanismo y el paisaje. No es fácil pero con trabajo y concienciación se puede conseguir.

Un tercer punto a mejorar es el de la señalización confusa, presente sobre todo en el Camino Portugués y que provoca la desorientación de los caminantes que vienen desde el Sur.

La plataforma que nos da la Unesco tenemos que aprovecharla para atraer peregrinos y turistas, pero también para mejorar el tesoro que ha convertido a Galicia en una tierra única.

El Camino tiene que estar a la altura de sus reconocimientos porque a pesar de que hay quien apuesta por olvidar las tradiciones, la de peregrinar a Santiago está cada vez más viva y supone además una oportunidad económica para los ayuntamientos situados en el trazado de las rutas históricas.

Leído en ABC

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