El botiquín necesario para que el Camino de Santiago no pese

Alimento para el alma, la ruta jacobea por la que cada año transitan más de 200.000 personas también es un reto para el organismo que debe protegerse del sol, las lesiones en los pies y la deshidratación

Más de 278.000 peregrinos consiguieron en 2016 sellar su compostela en Santiago. Lo que significa que recorrieron una distancia mínima de 100 kilómetros a pie, o 200 km montados en sus bicicletas. De continuar este año con la misma racha, se batirán de nuevo récords históricos que harán de la jacobea la ruta más recorrida del mundo.

En estas fechas primaverales, son sobre todo extranjeros los que se lanzan a la aventura religioso-espiritual, de contacto con la naturaleza y experiencia social, mientras que en los meses del estío son los españoles los que se enfundan las botas.

Desde el medievo, los testimonios de los caminantes dejan plasmado que la travesía pone a prueba, de una u otra manera, no solo el alma y la mente, sino también el cuerpo. Es evidente. Pero… ¿se sabe cómo prepararlo para que no le pase factura al organismo?

«Habitualmente los peregrinos tienen la percepción de que son más débiles de lo que en realidad son», dice a ABC Carlos Mencos, autor de las guías del «Buen Camino» y uno de los mayores conocedores de los diversos itinerarios (el portugués, baztanés, el del Norte, el primitivo…) que componen el entramado del Camino de Santiago.

Y, sin embargo, para Jesús, de la Asociación de Amigos del Camino de Madrid, la clave para encarar, etapa a etapa, está en la «dosificación», porque hay que saber «dónde está el límite cada día», opina. «Unos pueden trabajar solo 15-16 kilómetros, y el cuerpo debe descansar, y otros recorren 40 kilómetros. Si fuerzo la máquina, ya no me recupero», dice este hombre, que ha sido hospitalero al abrigo de miles de peregrinos en diversos refugios de la vía hasta la catedral compostelana.

No obstante, el Camino está lleno de figuras, ancianos, enfermos, niños, que desafían las leyes de su propia naturaleza física. Como dice uno de los once peregrinos venidos de Arizona y protagonistas del documental «Footprints», del director Juan Manuel Cotelo, la premisa es: «Aléjate de todo lo que te distrae». Y en el Camino solo existe el refugio con uno mismo. «Yo no me atrevería a decir a nadie, de ninguna edad ni limitación, que no puede hacerlo. He visto de todo, y funciona. Con más o menos energía, se puede hacer. El problema que surge es la falta de tiempo, que se programa para hacerlo en equis días porque no dispone de días libres y ahí sí hay agobios por caminar a un mayor ritmo». En la mentada cinta, también se recomienda: «Si vas en grupo, camina al ritmo del más lento».

Con oxígeno y pasito a pasito

Metidos en la ruta, se ve a un ciudadano francés enganchado a una máquina de oxígeno, que avanza, pasito a pasito, en su ruta de Ribadeo (Lugo) hasta Santiago; mientras Jaime y Marta, él vasco y ella burgalesa, lo observan con admiración y recuerdan que en su peregrinaje desde Irún, completando las etapas que trazan por la costa cantábrica el Camino del Norte una gastroenteritis acabó con su intención de culminar el trayecto. «Beber de las fuentes que encuentras no siempre es buena idea. Se tiene que estar muy atento, en tu desesperación por beber, a las indicaciones de potabilidad», avisa Jaime a navegantes.

El agua y la hidratación es el primer cuidado impenitente para el caminante. Mencos remarca ése como uno de los tres pilares en los que se sustenta la salubridad del peregrino: sol, pies y agua. Para protegerse del primero, «sombrero y crema solar».

También «after-sun», recomienda el farmacéutico José Manuel López Tricas. «Como siempre se camina hacia el oeste, descubrimos las quemaduras en la nuca y las pantorrillas de los peregrinos, que hay que proteger con esmero antes de cada etapa», añade Mencos. Entre las dos y las cinco de la tarde no es conveniente caminar, pues es cuando se producen las insolaciones y desmayos en el recorrido.

Para el cuidado del pie, «botas de media caña, y siempre calzado que no sea nuevo. Tal es así que hay gente que hace el Camino hasta con zapato de oficina, porque es el que más adaptado tiene», completa el periodista navarro. No es lo común, ni lo aconsejable. «Al menos hay que usar el calzado que vayas a llevar el mes de antes de la caminata, si no quieres que te salgan ampollas». Jesús tiene una receta singular: «Que el calcetín pique. Que no sea recién estrenado. La arruga del calcetín provoca la ampolla, hay que estirarlo bien, y si notamos una arruga, detenernos y hacer lo propio. Si esperamos unos kilómetros, como suele hacerse hasta llegar a un refugio, la ampolla ya está allí. Si ha salido, se debe pinchar con una aguja y con un hilo drenas el líquido. Nunca cortarla».

[ Para saber más, puedes leer: Consejos para cuidar los pies al realizar el Camino de Santiago ]

Los problemas con las uñas, la tendinitis y las rozaduras complicaron la travesía para Jose, conserje de un colegio mayor en Madrid. «Es esencial que el peregrino deje el pie respirar cuando llegue al albergue y se duche -pide Jesús en la Asociación situada en la calle Carretas-. Hay que usar chanclas para no infectarse de hongos en los albergues donde se alojan cientos de personas cada día».

El doctor López Tricas introduce dos productos idóneos para el cuidado previo del pie del caminante: o recubrir la planta del pie con vaselina; o hacerlo con el producto Vips Vaporub, que consigue el mismo resultado que la primera, pero con cierto efecto refrescante. En el botiquín hay que meter una pequeña tijera, tiritas y apósitos, medias de compresión, antisépticos, algún medicamento antiinflamatorio; colirio para la sequedad ocular y algún producto para ahuyentar mosquitos, amén de las medicaciones habituales.

[ Para saber más, puedes leer: El botiquín para hacer el Camino de Santiago ]

«La figura del caminante es la de un caracol con su casa a cuestas, por eso, que la mochila no sea desmedida y tenga un peso llevadero. El peregrino que goza de una salud aceptable y una preparación media está listo y solo tiene que cuidar que el equipo no se deje a la improvisación», resume el hospitalero.

Para Mencos, solo hay un elemento externo más a tener en cuenta. Las mayores lesiones para el peregrino son los accidentes de tráfico. «No hay que andar de noche, ni de madrugada y ser conscientes de que al cruzar una carretera son menores tus reflejos y vas ralentizado por el peso de la mochila», alerta.

Consejos saludables para cada etapa

Para que no le venza el cansancio, el peregrino también puede preparar su cuerpo, sometido a las inclemencias del tiempo, y también de la falta de agua y comida:

Alimentación: hay que hacer, como mínimo, una comida seria al día. Por eso, los municipios por los que atraviesa la senda jacobea ofrecen en un sinfín de establecimientos el llamado «menú del peregrino», con comidas calientes, o suficientemente calóricas y proteicas como para reponer el desgaste de energía originado por las exigencias de cada etapa.

Complementos sanos y calóricos en la mochila: además de la correcta alimentación, en la mochila no pueden faltar complementos vitamínicos o calóricos, sobre todo azúcar y/o chocolate, pasas, nueces y otros frutos secos.

Agua: hay que beber mucha agua durante el recorrido. Detenerse y rellenar la botella o cantimplora que se cargue en las fuentes de agua potable. Aun sin tener sed. Eso sí, el tamaño tampoco puede ser muy grande para evitar la carga. Nunca se debe descuidar la ingestión de agua durante el trayecto y no contar con reponer el contenido, porque hay muchos kilómetros sin dispensa ninguna.

Dormir y respetar el sueño de los demás: dormir y reponer fuerzas es crucial. No siempre, según el alojamiento, puede realizarse de forma apta, pero es capital respetar los horarios de sueño del resto de peregrinos alojados, también los de cierre y apertura de los recintos. Para iniciar la marcha temprano, no se debe perturbar el descanso de los que quieran demorar su travesía. Por ello, se pide que las personas que deseen madrugar en demasía, dejen preparada su mochila la noche anterior para salir del dormitorio sin encender luces ni hacer ruidos.

Qué se mete en la mochila

Con las pautas que ofrecen las asociaciones de Amigos del Camino a quienes van a recoger sus credenciales antes de emprender rumbo a Compostela, la mochila logrará ser menos pesada:

Tamaño: puede parecer obvio, pero una mochila demasiado cargada y grande dificulta cada paso en el camino. De tamaño medio y con las prendas justas, se logra que cada kilómetro no pese un poco más, una sensación que tienen los peregrinos en su ruta hacia Santiago.

Equipación: dos prendas de ropa, a lo sumo tres. La equipación básica consta de ropa interior, las botas de andar y las zapatillas de playa o chanclas; una toalla tipo gamuza que apenas pesa unos gramos; útiles de aseo mínimos; capa de agua; sombrero o gorra; el anorak o una prenda que abrigue; gafas de sol y el botiquín.

[ Para saber más, puedes leer: El botiquín para hacer el Camino de Santiago ]

Atrezzo necesario: un bordón para ayudar a caminar, sobre todo en tramos embarrados o pedregosos; y un saco de dormir, por si es necesario pasar la noche en un albergue sin camas, o en un polideportivo.

Consejos de higiene obligatorios: al completar cada etapa y llegar a un albergue, el peregrino ha de ducharse y ponerse ropa limpia. Normalmente, se lava la ropa usada, para lo que debe pertrecharse de un pequeño jabón de mano. Se tiende la ropa para que se seque y que no sea, húmeda, un peso extra al día siguiente. Si en la etapa consecutiva no está seca, se colgará en el exterior de la mochila o se trasladará en una bolsa de plástico.

Tarjeta sanitaria y móviles: no olvidar la primera y apagar el segundo en los albergues. Guarecer ambos de la lluvia, junto al dinero o tarjetas de crédito, en un envoltorio de plástico.

Leído en ABC

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