El albergue de Oviedo se blinda para sus peregrinos

Desinfección. El cordobés Juan Ostos Carmona, desinfectándose las manos antes de entrar a las habitaciones
Desinfección. El cordobés Juan Ostos Carmona, desinfectándose las manos antes de entrar a las habitaciones

El Salvador reinicia la temporada con mayoría de visitantes nacionales, reserva previa, habitaciones individuales y controles de temperatura

El Camino de Santiago, y sobre todo el Primitivo —el primero, el que inauguró el rey Alfonso II caminando de Oviedo a Compostela allá por el siglo IX— es una moda atemporal; no obstante, la crisis económica y social derivada de la expansión del COVID-19 también se ha dejado notar en este sentido.

Los peregrinos llegan Oviedo, como cada año, con sus mochilas cargadas y sus botas gastadas del viaje. Eso sí, ya no llegan por cientos sino por decenas. «La gente tiene miedo, y donde antes teníamos 66 ahora tenemos 7». Así lo manifestó, en declaraciones a este diario, el tesorero de la Asociación Astur-Leonesa de Amigos del Camino de Santiago y responsable del Albergue El Salvador que acoge a los peregrinos en dependencias del Seminario Metropolitano.

La bajada «es notable», reitera Sánchez. «Cerramos 2019 con unas 7.600, pero desde que abrimos el pasado 22 de junio, aunque el goteo haya sido constante, las cifras ni se acercan. Ahora mismo nadie sabe qué va a pasar, pero si seguimos así creo que no llegaremos a la mitad de plazas cubiertas que en 2019», razonó. Asimismo, auguró, «esperamos que, si los brotes escasean o se controlan, pueda darse un repunte para el mes de agosto». No en vano, aseguró, «ya tenemos unas cien reservas hasta septiembre».

En cuanto a la afluencia de extranjeros, continúa el responsable del albergue, «en años anteriores suponían el 65% del total de peregrinos que recibíamos y el resto, españoles». Es año, en cambio, el nuevo coronavirus ha dado la vuelta a la tortilla; «apenas tenemos uno o dos extranjeros al día, y eso cuando los hay», aseguró.

Aun así, para los que llegan de las grandes capitales, la soledad de la carretera es «un respiro» y una «sensación de libertad» que «hace olvidar la cuarentena», explicó la australiana afincada en Madrid de veinticuatro años Chloe Sidhu en perfecto castellano. «Me tocó pasar el confinamiento en Madrid, donde vivo desde septiembre y donde trabajo como profesora de inglés, y lo cierto es que me siento mucho más segura aquí, sin miedo», aseguró mientras realizaba el protocolo de seguridad a la entrada del albergue.

En ese sentido, señaló la australiana, «hace ya algunos años que tengo ganas de hacer el Camino, pero me resultaba imposible porque durante los meses de julio y agosto trabajo en festivales». Este año; sin embargo, esas grandes citas están suspendidas «y me he atrevido a hacerlo al fin», celebró.

Allí, los alumnos de la escuela taller Oviedo Inicia el Camino, Estefanía Serrano y Olog Golovin, cumplen con extrema precaución los tres pasos a seguir con cada entrada. Lo primero, explicó Serrano, «tomarles la temperatura»; después, meter la mochila en una bolsa de plástico cerrada; y, por último, desinfectar manos y calzado gracias a las alfombras ubicadas a la entrada del edificio. Una vez dentro, con mascarilla, el recinto se desinfecta varias veces al día.

También ha cambiado el planteamiento de entradas. El Salvador cuenta con 66 plazas distribuidas en catorce habitaciones múltiples. Esta temporada, expuso el responsable del albergue, son todas unipersonales «salvo en los casos de grupos formados por familiares y amigos que realicen el Camino desde el mismo punto de partida».

Es decir, matizó, «no vale con que dos peregrinos se hayan conocido a la entrada a Oviedo para que compartan habitación», clarificó. Lo que condiciona, por otra parte, la escasez de habitaciones disponibles. «De momento, no se necesitan más, algunos días tenemos a un solo peregrino y el máximo hasta la fecha han sido doce en un solo día», lamentó.

Además, todos los peregrinos deben reservar su plaza durante los días previos y dar sus datos de identidad, domicilio y contacto para facilitar el seguimiento en caso de un posible rebrote.

Catalanes y vascos

Con respecto a años anteriores, los cambios no se quedan en el mero protocolo sino también en el origen de los peregrinos. Si bien dentro de España, los andaluces son los que más recalaban en el albergue, seguidos de madrileños y valencianos, por estas fechas catalanes, vascos y habitantes de la capital son los que copan el registro de entrada..

Para negar la excepción, en una de las habitaciones del fondo se instalaba Juan Ostos Carmona, recién llegado de Córdoba por la ruta antigua. Y es que, del total, apenas llegan al 10% los que eligen el camino de la costa. Lo que no ha cambiado es que para seguir los pasos de El Casto no hay una edad determinada. «En el Camino te puedes encontrar a jóvenes de veinte y a personas de hasta ochenta años», clamó Sánchez. Todos ellos deben pagar 7,50 euros, el precio del alojamiento para una noche que incluye la funda del colchón y la almohada.

Peregrinación pospuesta

Por su parte, los 350 integrantes de la asociación Astur-Leonesa de Amigos del Camino de Santiago ya han comenzado a salir también del letargo de la pandemia. A finales del año pasado habían proyectado una peregrinación a través del Camino del Norte a Santiago durante los meses posteriores; no obstante, el estallido del coronavirus y el inicio de las restricciones obligó a cancelar la cita. Ahora, adelantó el tesorero del colectivo, «esperamos poder reiniciarlo a partir del 13 de septiembre» con más de un centenar de inscritos hasta el momento.

Leído en El Comercio

 

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