Hacer el Camino, mejor que ir al psiquiatra

Místicos o con los pies bien pegados a la tierra. Solitarios o en grupo. A pie o en bici. Las motivaciones y las características de cada peregrino son tan distintas como sus procedencias, pero todos los que se cuelgan la mochila a la espalda para recorrer el Camino de Santiago coinciden en algo: la experiencia «toca». Tanto, que hasta puede llegar a «enganchar».

Lo cuenta desde el albergue de Avilés el alicantino José Vicente Gregori, una de las 25.000 personas llegadas de todo el mundo que el pasado año atravesaron Asturias en busca de ese «algo» que les da un trazado que han atravesado millones de peregrinos desde la Edad Media en ruta hacia Santiago de Compostela, donde se veneran las reliquias del apóstol Santiago el Mayor.

Gregori, fisioterapeuta jubilado, 62 años, es la prueba de que quien se lanza a la aventura suele quedarse con las ganas de repetir. Y, de hecho, él hace el Camino dos veces al año desde 2004, una cadencia solo interrumpida un par de ellos para atender a su padre.

«Para mí, es como una válvula de escape. Vengo a meditar, a desconectar de la vida diaria. Se ha convertido en una necesidad», explica después de una etapa de 54 kilómetros. «Voy un poco flojo porque tengo una tendinitis», bromea antes de intentar explicar todas las sensaciones que le genera una ruta que muchos como él califican de «mágica»: «Unas veces te pones a llorar como un samaritano y otras a reír y no sabes muy bien por qué».

La cuestión es que él, que aprovecha para «depurar el organismo» comiendo lo justo, se lo recomienda a «cualquier amigo» que ve «un poco depresivo»: «Mientras caminas, vas hablando contigo mismo y te olvidas de que, a lo mejor, has hecho 20 kilómetros. Es mejor que ir al psiquiatra. Porque no hay que olvidar que la propia vida es un camino, aunque también es verdad que no todo el mundo soporta tanto sufrimiento porque el Camino también son ampollas, heridas, torceduras, picaduras de insectos…».

Él prefiere viajar ligero de equipaje (mochila de 9 kilos) después del desayuno que él mismo prepara y que le sale «por unos 30 céntimos». Aunque, «ojo, que también hay quien lo hace en plan gourmet, parando en los mejores sitios a comer». Una opción «muy respetable», pero que no es la suya.

Tampoco es la de Sean Tierney, de 71 años, que se paseaba por la plaza de la Catedral de Oviedo con varios mapas intentado descifrar el recorrido que minutos más tarde iba a proponerle a su esposa. La noche anterior habían llegado a la ciudad procedentes de Ribadeo, en su recorrido por un parte de la ruta del Camino Primitivo de Santiago, cuyo trazado, como el de la ruta de la Costa, será distinguido en julio por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

En pleno inicio de la temporada alta de caminantes, ellos lo hacen en dirección contraria porque ya tienen en sus cartillas de peregrinos el sello de Santiago después de que el pasado 6 de marzo partiesen de Dublín con la intención de conocer partes de los diferentes caminos. «Vinimos en barco y luego nos movemos en caravana porque mi mujer de 68 años está enferma de cáncer. En tierra se mueve en un triciclo especial», cuenta Sean.

Entre los irlandeses como Tierney aún persiste la tradición de peregrinar a Santiago y los caminantes puede obtener sus credenciales de peregrino de la Sociedad Irlandesa de Amigos del Camino, fundada en 1992.

Dentro de esa larga peregrinación desde Irlanda, Tierney tenía claro que quería visitar Oviedo, «una de las paradas más especiales del Camino Primitivo. Es una ciudad muy bonita. Muchas veces te encuentras con lugares demasiado comerciales, pero la plaza de la Catedral no lo es». No obstante, afirma que para él lo más importante de esta experiencia que concluirá el próximo 20 de mayo es el silencio. «No hablas. No distraes la mente. Vives la unión con la naturaleza y con Dios».

De la misma opinión es Pedro Soberón, que ayer llegó a Gijón y que ya había hecho todos los trazados de la ruta jacobea menos el de la Costa, «el más duro y el más bonito desde el punto de vista paisajístico», dice. Porque, para este cántabro de Liébana, «esto hay que hacerlo solo», disfrutando, además, de que el tramo del Norte está mucho menos masificado que el francés. Al menos, hasta ahora, porque las asociaciones de amigos del Camino creen que el sello de la UNESCO supondrá «una avalancha de peregrinos».

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Leído en El Comercio

2 comentarios en “Hacer el Camino, mejor que ir al psiquiatra”

  1. Totalmente de acuerdo, y que engancha, aún más. Como en mi caso, cuando comencé con 45 años y actualmente a mis 68, que cumpliré en este mes de mayo, ya llevo más de cincuenta Caminos. Este año, en marzo, en abril y el próximo comienzo en Saint-Jean, el jueves día 14 de mayo

  2. Estoy completamente de acuerdo con lo que han escrito ustedes.

    Alguien escribió recientemente en un foro de Camino, <> Yo le respondía así: <>

    Gracias por esta artículo!

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